lunes, 5 de agosto de 2024

Yo no conozco Berlín.

Era el otoño del '89. Yo apenas era un niño que iba en segundo de primaria. Mi mamá o mi papá, no lo recuerdo, me habían explicado que un día, en Berlín, una ciudad muy lejos de México, pusieron de repente un muro en medio de la ciudad que separó a muchas familias. Yo pensaba que había sucedido poquito tiempo antes, no sé, dos semanas o unos pocos meses. No tenía idea de la Guerra Fría, ni que era parte de un conflicto enorme y añejo. Es más, no sabía ni qué era un conflicto. Lo que sí me acuerdo es que lo pasaron en la tele, y sí me acuerdo también de la gente encima del muro y el polvo y creía que Pink Floyd lo había tirado con un concierto. ¿Qué ha pasado desde entonces? Pues más o menos las cosas siguen igual en varias partes del mundo, desafortunadamente.

¿Qué pasó con usted?

 Imagínate ir caminando en la calle y de pronto hallarte a tu antiguo maestro de una de tus materias favoritas de la infancia. No re reconoce, pero tú si a él. ¿Qué le dirías? ¿Y él que pensaba cuando eras un niño y te guiaba? ¿Se imaginaba qué sería de tí? ¿Y tú?

viernes, 2 de agosto de 2024

¿Cuál esperanza, dime tú?

Ángel está sentado en la banqueta. Tiene la sonrisa ilusionada de cualquier niño como él, de ocho años. Ve hacia arriba, al señor que lo acompaña. No sabemos qué sea de él, si su papá o un tío, peor ambos estan contentos de estar juntos. El mayor está sentado sobre su motoneta y platican y bromean. ¿Ya habran comido? ¿Qué harán después? ¿Qué será de Ángel cuando le salgan alas?

domingo, 30 de agosto de 2020

Las noches de la estación

 El tren empezó a avanzar. Los focos anaranjados iluminaban la neblina nocturna, y la estación se quedó vacía.

Licerio, el encargado de la estación por las noches, hizo unas anotaciones, colgó la tabla en un clavo y se sentó en la banca de madera. Pasó un tiempo así, como solía hacerlo cada noche desde hacía muchos años.

Le gustaba ver el horizonte obscuro, donde después de unos segundos podía notar la silueta de los cerros. También le gustaba disfrutar del silencio nocturno, acompañado por los snoidos de los grillos, las chicharras y las lechuzas.

Cruzaba los pies, se ajustaba el cuello de la chamarra de borrega, suspiraba y el vaho salía de su boca en forma de vapor. Se quedaba ají sentado hasta que dejaba de escuchar el tren, muy a lo lejos, cuando ya no se distinguía el ruido del silbato y mucho menos el de las vías.

A veces se metía al mostrador y veía las libretas de los viajes, y trataba de recordar cuales de esos lugares conocía, a cuales le hubiera gustado ir, y cuales le desagradaban.

Una vez, de niño, estaba en San Ignacio. Lo habían mandado de niño a ver a su tía, porque se había quebrado una pierna. Llegó temprano, platicó con su tía y la ayudó a algunas cosas. Después salió a dar una vuelta a la plaza. Compró un peso de galletas de sal, entró a la iglesia a rezar y volvió a casa de su tía. Comieron y a media tarde tomó el tren de regreso. Antes de irse, su tía le regaló un guajolote para que se lo llevara. Y ahí iba el pequeño Licerio, con su guajolote nuevo, camino a casa. 

Llegando a su pueblo, ya era de noche. Caminó por las calles obscuras, dando las buenas noches a quien se encontraba. Le preguntaban "¿Y ese guajolote?"Y respondía "Es un regalo". "Ha de estar bien bueno para un mole. Si quieres, cuando crezca, me lo llevas y lo preparamos". Licerio respondió que gracias, que luego vemos, y se iba pensando en que el quería a su guajolote para jugar con él, no para comérselo.

De todos modos, otro día que fue a la estación a recoger la correspondencia, regresó y ya no había guajolote. Había engordado tanto que se lo vendieron a una comadre. Al regresar y no verlo, pensó que se había volado o algo así.  Se fue corriendo angustiado a preguntar qué le había pasado, le dijeron y salió disparado con la comadre, pero ya era demasiado tarde.  Muy triste, fue de nuevo a la estación a sentarse en cuclillas, recargado en una pared, hasta que pasó el tiempo y se sintió mejor.

Licerio, con una leve sonrisa de recuerdo, cambió la hoja de viajes. Pensó en cómo es la vida, que de niño iba a la estación a jugar, pasar el tiempo y disfrutar mucho, y cómo acabó trabajando allí por tantos años.

Otras veces bajaba a las vías con su linterna de ferrocarrilero y caminaba sobre la vía, asegurándose de que alguien no hubiera ido a dejas cosas con las que el tren pudiera accidentarse, porque una vez escuchó que en otro lugar habían dejado un sillón en plenas vías, lo que provocó un accidente en el que se derramaron sustancias tóxicas. Tuvieron que desalogar a mucha gente y mandarla a un albergue temporal.

Muchas veces le preguntaban si no le daba miedo estar ahí solo en la noche, pero Licero decía que ya estaba acostumbrado y que ya había visto todo lo que tenía que ver.

Una vez, como a las cuatro de la mañana, escuchó a lo lejos que alguien gritaba. Tomó su linterna y unas tres bengalas por si necesitaba poner señales de alerta. Caminó hacia la parte de la vía que pasa junta al arroyo, cerca del fresno grande. Ahí vio a una persona de espaldas, hincada. Sin acercarse demasiado, le preguntó por qué gritaba, pero no le respondió. "¡¿Quiere una cobija?!" y nada. Licerio pensó que no había nada más qué hacer. Antes de partir, pensó que convendría dejar una bengala encendida para que la persona viera el camino y no tropezara con la vía. Gritó para avisar que ya se iba, y la persona, que había estado quieta como tumba, en un santiamén se paró y, rápida como el viento, fue directo contra Licerio, quien no tuvo tiempo de reaccionar, sintió el golpe y no despertó en un rato. Cuando lo hizo, vio la luz roja de la bengala, a punto de extinguirse. Se paró y, mareado y sin entender qué había pasado, regresó a la estación.

Historias como esa le tocaron por decenas. Muchas creía que las había imaginado o inventado, solo, divagando por las noches. Otras, sabía que era las que a el le contaron de niño. Pero unas cuantas, las menos, sabía que habían sido verdad, e incluso habían quedado marcas en la estación, pruebas irrefutables de lo que había visto, como las uñas marcadas en el mostrador en forma de rasguño, o la cicatriz que tenía en el hombro que le hicieron con la misma hacha que estaba marcado en el marco de la puerta de atrás. Nunca supo qué fue. Sólo forcejeó con algo que no veía, pero sentía claramente las manos que lo lastimaban, y que lo empujaron. Cayó al piso y ahí fue donde le soltó el hachazo que alcanzó a esquivar poque iba directo al cuello. A la mañana siguiente, le preguntaron por qué había sangre en el piso. Licero no sabía qué responder.

    Licerio se volvió a sentar en la banca, recordando todas las cosas que había vivido. Esa noche tenía más frío que las demás. Se cobijó y se quedó dormido.







miércoles, 6 de mayo de 2020

Peloteando en la calle


Cae la tarde, pero aún hay luz de sol, así que salgo a pelotear un rato. No hay mucha gente en la calle, algunos frente a la pared en la que estoy peloteando. Otros por la acera opuesta. Y yo en un ir y venir tras la pelota, golpeándola con la palma de la mano una y otra vez, va al muro y regresa. Algunos transeúntes me saludan, cruzamos algunas palabras, y siguen su camino. Sigo en el vaivén, y entonces una voz divertida me saluda. Volteo y veo que es un payasito. ¡Échale ganas! -me dice. Lo saludo, y me pregunta con su voz juguetona:
-Estas jugando frontón ¿Verdad?
-Así es
-¡Porque el señor que va allá es frentón!


Con un saludo al payaso Bombitas.

viernes, 27 de marzo de 2020

Los Aficionados*




Soledad se encontraba lavando la ropa, en el viejo lavadero que se encontraba resguardo del sol por un tejabán. Como siempre, prendía su radiecito para acompañar su actividad, y cantaba con la alegría de un cenzontle, y la gracia de un tordo. A ritmo de la tambora se le escuchaba “¡hay que darle gusto al gusto/ la vida pronto se acaba…!” mientras sincronizaba el compás de su cadera con el del fregado de la ropa, y seguía “ya muerta voy a llevarme/ ¡nomás un puño de tierra!”.
En eso, se escuchó al locutor anunciando enérgicamente lo que todos en la cabecera municipal y en los pueblillos aledaños esperaban: “Estimados radioescuchas: ¡no olviden inscribirse a Los Aficionados, nuestro gran concurso anual! Este año con grandes premios y sorpresas, además de la oportunidad de ser escuchado  en vivo por sus amigos, familiares y desconocidos en todos los pueblos y rancherías. ¡No se pierda esta oportunidad!”.
Soledad dejó su actividad para escuchar con atención el procedimiento del certamen, pensó si entrarle o no, y concluyó que debía ensayar un par de canciones y mostrarlas a sus familiares para que la escucharan y le dijeran si tenía dotes para poder competir, o si mejor le convenía cantar únicamente bajo el tejabán.  Volteó a ver si estaba alguien cerca para enseñarle una primera probadita de su voz, pero no había nadie. Tomó la jícara para seguir enjuagando, esta vez en silencio, pero con una sonrisa de entusiasmo.
Llegó el domingo, y creyó que era la oportunidad perfecta para ver si el tamiz de su familia, que se reunía a comer semana a semana, la aprobaba para Los Aficionados o no. Cuando la mayoría había terminado de engullir sus platos, y sin decir “agua va”, Soledad se levantó de su silla, puso los brazos en jarra y comenzó: “¡El sauce y la palma se mecen con calma…/ alma de mi alma ¡qué linda eres tú!”. Terminó de recitar la pieza y, rodeada de gente,  se percató de que nadie la estaba siquiera viendo, unos hasta chupando los huesos del pollo que les habían servido y todos siguieron en la sobremesa sin decirle nada. Alzó los hombros y se dijo para sí misma “¡aprobada!”.
Al día siguiente fue a la cabecera a hacer sus compras normales y además, como algo menester, a la mueblería de los Chávez –dueños también de la estación de radio local- a inscribirse. Se formó en la fila, y al momento de atenderla le dijeron que ahí era para recibir las remesas del otro lado, y que subiera las escaleras, que ahí estaban las inscripciones. Al ser el primer día que marcaba la convocatoria, el lugar se encontraba vacío y sólo se habían registrado dos participantes antes que Soledad. Llenó la forma, su dirección (Domicilio Conocido, ranchería “El Tenorio”) y firmó con su nombre y una estrella al final. Se dirigió a la salida con una emoción que no cabía en ella, y comenzó a pensar cuales piezas iba a presentar, cómo las iba a ensayar y hasta qué ropa iba a utilizar.
Se decidió por “La Flor del Capomo”, porque le gustaba mucho y porque la letra venía en un volumen viejo que tenía del Cancionero Picot. Durante todo ese tiempo, el radiecito no sonó para nada, ya que Soledad ensayaba a capela sus falsetes y demás repertorio vocal. “¡Pero recuerda, nadie es perfecto!” comenzaba a cantar, ya que era su favorita para ir calentando el gañote cuando empezaba la friega de la ropa. Seguía con el “Noa-Noa”, “Malagueña salerosa” y cantaba “El Barzón” para practicar su agilidad verbal, porque llegó el rico y “ni pa comer me dejó/ me presenta aquí la cuenta/ aquí debes veinte pesos/ de la renta de unos bueyes/ cinco pesos de magueyes/ tres pesos de una coyunda/ cinco pesos de una funda/ tres pesos no sé de qué…” y así intentaba cubrir todos los aspectos que pudiera necesitar de su voz y sus pulmones.
Al siguiente domingo, en la sobremesa, se paró  de repente e hizo el anuncio de que se había inscrito al concurso, y nadie le quiso desairar sus intenciones, porque todos habían escuchado en el radio que habría grandes premios y sorpresas, y si ganaba, seguramente les iba a compartir algo, ya que nunca la habían abandonado.

Así, llegó el gran día. Se puso un vestido muy colorido y un rebozo de esos de gala. Se hizo una sola trenza y se la ató con un listón igual de colorido, y hasta se maquilló un poco. Tomó el camión que hacía parada en El Tenorio, La Presa, San Cayetano y El Chepillo antes de llegar a la cabecera. Nadie la acompañó, porque pensaron que para qué, si ella solita podía, y además la podrían escuchar por el aparato.

Pero la sangre se le heló cuando vio que antes que ella, iba  a participar don José Pascual, ganador indiscutible de las dos ediciones anteriores del concurso. Se moría de los nervios, pensó en irse, volteó a todos lados y estaba a punto de correr, cuando de pronto sintió que le tomaron la mano fuertemente, la miraron a los ojos y le dijeron “¿me regala para un taco?”. Soledad asintió con firmeza y determinación y se fue caminando al micrófono sin dar limosna, porque pensó que se trató de una especie de señal divina para darle fuerzas.

¡Y que se arranca con todo! Voz en cuello comenzó “Trigueñita hermosa, linda vas creciendo, como los capomos que se encuentran en la flor” y siguió cantando con los ojos cerrados, imaginándose que cantaba frente a su familia en una sobremesa y que todos le aplaudían y vitoreaban. Terminó su intevención, en su casa todos expectantes de la hora de la premiación para ver si se había ganado algo.

Los jueces deliberaron, don José Pascual ya solo tenía la fama de cantar en la iglesia pero ya no tenía aquel chorro de voz por el que era conocido. Entonces, en el estudio y en los receptores se escuchó: y la ganadora del primer premio es… ¡Soledad! Y Soledad saltó de alegría, agradeció a todos y se dijo muy contenta de haber logrado su meta después de tanto tiempo de preparación.
“Y bueno soledad –dijo el locutor- lo prometido es deuda, y aquí está tu premio ¡un guajolote ya engordado y listo para el mole! Soledad estaba muy feliz porque nunca se había ganado un guajolote, sólo se había sacado alcancías de yeso en las canicas de la feria o cosas similares. Regresó a casa en el camión, con el ave bajo el brazo y veía a todos como mostrándoles lo que ganó, y pensaba que seguro todos sabían que ella había ganado Los Aficionados, y que cuando los otros pasajeros llegaran a sus casas iban a preguntar “¿con quién creen que venía en el camión?” porque ya se sentía famosa.
Al llegar a su casa, su familia tomó el pavo para festejar, alzándolo en brazos, mientras ella se fue al rincón, sacó el metate y comenzó a moler los chiles para preparar su premio, en soledad.
*Cuento ganador de Mención Honorífica en el XIX Concurso Literario "Nuestras Voces" del Colegio Madrid, en categoría Profesores y publicado en la antología del mismo nombre en 2015.


martes, 16 de julio de 2019

Última Oportunidad*

Corrió desesperadamente al ver pasar su última oportunidad. Segundos antes pensó que siempre habría nuevas oportunidades, pero esta vez el tiempo se le había acabado. Miró la hora. Casi era medianoche y ya no había nadie más a su alrededor. El silencio de esa hora en la ciudad era abrumador, y sólo se quebró por ese último chance que iluminaba todo lo que le pasaba enfrente. Al ver que nadie le pidió que se detuviera, este siguió de frente y aceleró y fue cuando vio que alguien corría con angustia tras de sí.
Corrió desesperadamente, gritando y manoteando, incluso chiflando, hasta que por fin se detuvo, subió, y empezó el largo trayecto hacia su siguiente destino.

*Minificción ganadora del 1er lugar del 23 concurso literario “Nuestras Voces” del Colegio Madrid, categoría profesores y ex-alumnos  .
Para citar: Soto , O. (2019). “Última Oportunidad”. Antología literaria “Nuestras voces 23”, 154.

jueves, 4 de abril de 2019

Gitanos y Reyes: Gipsy Kings en México.

Un día venía en el coche manejando cuando escuché en la radio un anuncio de un concierto próximo a realizarse. Se trataba ni más ni menos que de los hijos de José Reyes, el cantaor gitano. Se trataba efectivamente de Gipsy Kings, agrupación gitana que cobró mucha fama hace varios lustros tocando rumba gitana. Además de ser hijos de José Reyes, son sobrinos de Manitas de Plata, un enorme guitarrista gitano, no muy famoso pero sumamente recomendable. Los Gipsy Kings entonces retomaron esos ritmos de los que estan empapados, y los comercializaron con gran éxito. En el siguiente video aparece José Reyes, que es el cantaor a la izquierda de la pantalla, y a su lado, Manitas de Plata.

Total que hace años según escuché que estos cuates novenían a México hace muchos años, y la neta yo dudaba que fueran a hacerlo, y al oír el anuncio por supuesto que quise ir. ¿El lugar? La Arena Ciudad de México... o casi.
Al llegar al estacionamiento, había en un terreno pegadito a la Arena (parte del mismo predio) un escenario completamente rodeado por sillas y gradería removibles. Pensé que sería para otra cosa, pero en las pantallas vi que decía Gipsy Kings, y que efectivamente sería ahí. El sacón de onda fue general, el personal que checaba los boletos dijo que por eso en las entradas dice "Open Arena" que efectivamente lo dice, pero uno no se imagina que vaya a ser al aire libre. De hecho, me pareció muy buena idea, siempre y cuando aclararan porque si destantea, y así les ocurrió a los otros asistentes con los que platiqué. Pero pues total, el chiste era disfrutar. 
Abrió un grupo muy chafa de dizque danzas folklóricas mexicanas pero como con música techno que no me gustó nada, porque empezaron a la hora que decía que iniciaba el concierto y eso impacientaba, y seguramente fue una de las cosas chafas que hace TV Azteca, porque cantó una de La Academia y se sabe que la Arena es de Salinas Pliego. Más que folklor, uno de los pocos bailes a los que le puse atención, parecía como Intercolegial de Baile, y se supone que representaba la Conquista, porque había unos disfrazados de "aztecas" y otros se supone que de españoles, pero el vestuario me dio risa porque, en vez de vestirlos con armaduras, les pusieron trajes más del Virreinato y parecía una estudiantina peleando contra los danzantes del Zócalo. Pero bueno, no importa, lo bueno fue lo que siguió.
Llegaron los Gipsy Kings y se plantaron en el escenario. Principalmente lo que tocan es rumba gitana, lo cual hizo que desde el principio todos estuviéramos baile y baile. Una de las primeras que tocaron fue "Djobi Djoba", de mis favoritas y de las de todo el público, ya que al sonar los primeros acordes, todos nos llenamos de entusiasmo. "Cada día yo te quiero más".
Algunas canciones --pocas- no las conocí, pero de todos modos las disfruté. Y otra cosa es que en realidad nunca les he entendido a las letras del todo, porque como que es medio en español pero con acento gitano y toques de francés, entonces yo tararreaba como "un amor viví, llorandooooioio y me deci-i-ai, las palabres del lión, llorando por tí, es por amoooor", pero da igual, el chiste era disfrutar la música y cantar como fuera, pero con sentimiento, eso sí.

"Bem Bem Bem María" y "Bamboleo" obviamente las tocaron, y la que más prendió fue "Volare", además de que tocaron su versión de "Hotel California" y una que jamás imaginé que interpretarían: "Vamos a bailar" que la usaba Héctor Suárez en "La Cosa" para hacer una coreografía ocupando a los raperos que salían en "A Todo Dar", el programa de concursos de la entonces Imevisión.

Total que estuvo muy bueno el concierto. Invitaron también a la hija de 9 años de uno de ellos a cantar, y a la sobrina de Isabel Pantoja, la española que cantaba "Así fue" de Juan Gabriel.
Al final, valió mucho la pena el concierto, y me gustó bastante. De hecho, el que fuera al aire libre le daba un toque interesante, lo único era saber desde el principio, así como poner escaleras en las gradas móviles y mejorar los baños que son portátiles. De ahí en fuera, todo muy bien. Y nada... ¡Olé!


martes, 2 de abril de 2019

Adiós, Guacarrocker.

Ayer estaba viendo mi Facebook por la mañana, y leí en la página homenaje a Illy Bleeding que mostraban condolencias por la muerte de Armando Vega-Gil. De inmediato me fui a Twitter para ver de qué se traba y, efectiva y desafortunadamente, se oficializaba el deceso del Cucurrucucú.
Este cuate le hacía a un montón de cosas: era bajista, escribía, hacía cine, escalaba, buceaba "en aguas infestadas de sal" según lo escrito en el "Forjando Patria", alguna vez tocó el chelo, pintaba...
Yo conocí su obra primero que nada por Botellita de Jerez, particularmente el Superespecial Desenchufado (Un-plug)" que mi hermano trajo a la casa en sus tiempos de CCHero. Un disco muy divertido e ingenioso. Poco tiempo después fue El Último Guacarrock, cuando se desintegró el grupo, y así pasó un tiempo, el cual coincidió con buena parte de mi adolescencia, y también de mi primer etapa en la Universidad. Por recomendación de un amigo, comencé a leer los textos del Armambo en la entrañable revista La Mosca, en su columna del "Diario íntimo de un Guacarroquer" y sobre todo, empecé a escuchar los primeros discos de Botellita de Jerez que conseguí quemados en Filosofía y Letras. 
Básicamente, en ese tiempo no la pasé muy bien en la carrera, pero parte de lo que me alegraba o lo que buscaba era no sé, algo así como mi identidad, distinta a la del pandroso de la secundaria y medio skato de la prepa, y entonces la onda del guacarrocker me cayó perfecto, ya que enarbolaba cosas como la mexicanidad y el Rock, basado en las raíces y en la mezcla que cantaban " Si tu novia es una mezcla entre la Janis y la Lola Beltrán [...] si tu mezclas en tu taco aguacate con un disco de Rock, y le agregas a Chuck Berry, José Alfredo y una pizca de blues". Ciertamente eso me alegraba, incluso le puse estoperoles a algunos de mis pantalones de mezclilla, como si fueran botones charros. Y en parte me identificaba con el Armando porque en esos tiempos su columna de La Mosca era muy cruda, escrita desde una depresión muy fuerte según el dijo alguna vez, y eso compaginaba con mi enojo y mi sacón de onda que pasaba por aquel entonces.
Las luchas de niño siempre me gustaron (y me siguen gustando) y también eso cuadraba en la guacacultura. Parte de lo que me hacía sentir bien en esa época era sacar en mi guitarra las canciones de Los Botellos (aún no tenía mi bajo),y me alegraba. Y ahora que tengo mi bajo, muchas veces he sacado algunas canciones según las interpretaba el Cucurrucucú.
Cuando dejé Odontología, y en ese momento me liberé de esa carga, me surgió una etapa muy creativa entre la dicha liberación y entre el enamoramiento que tenía con una chica de la Facultad, lo cual hizo una combinación idónea y como principal producto surgió este blog. Si leen algunas de las entradas más antiguas, notarán que la escritura está muy influenciada por el Guacarrocker que, según sus términos, yo usaba en ese momento como "andadera", es decir, cuando copias o emluas los recursos narrativos de algún autor de tu agrado en lo que encuentras tu estilo. Incluso, tengo una reseña de una presentación de un libro de luchas, en la que también hubo palomazo de Botellita, que pueden leer aquí.

Varias veces lo ví, en tocadas sobre ruedas en favor de las comunidades de Chiapas (te brindaba su autógrafo super amable), en varias tocadas y en la Improlucha. Siempre accesibles (Arau, El Mastuerzo y el mismo Vega-Gil), se mochaban con las fotos y demás.
En fin. El caso es que, y a lo que voy, quiero manifestar que Armando Vega-Gil fue una fuerte influencia para mí en varios sentidos, uno de ellos, el saber que puedes hacer varias cosas, puedes ser multidiscplinario y tienes que hacer las cosas que te gustan, con gusto pero también con compromiso. También que hay que echar desmadre, que hay que hacer las cosas divertidas y que tienes que tener compromiso y amor con lo que haces.
Su muerte me impactó. Lo que está alrededor es otra cosa que no sé si deba abordar por lo pronto ahora. Lo que me queda claro es que estamos en una época muy compleja en cuanto a cómo se da la comunicación y el cómo los sucesos pueden ser vistos de un millón de maneras, desde infinidad de cristales diferentes. 
Descansa en paz. Guacarrocker. Nos ayudaste a muchos a encontrar un camino, una identidad, una personalidad. Te extrañamos y te admiramos.




miércoles, 20 de marzo de 2019

Bolera

Caminando por las calles de la ciudad, decidí bolear mis botas que estaban todas lodosas. Recién bajé del transporte, encontré a una señora con su cajón, cepillos, grasas, ceras y todo lo necesario para dar lustre al calzado de los transeúntes.
De inmediato le pedí un trapazo, y empezó. Muchas veces cuando estoy en una situación así, platicvo un poco, hago un par de preguntas, medio para entretenerme y medio para conocer y escuchar qué dice la gente.
Me quitó la primera agujeta, me enjabonó el calzado, y empezó la charla.
Casi empezando, empezó a decirme que estaba muy desesperada, que no sabía qué hacer porque su hijo había tenido un accidente y se había quebrado la cabeza, y que necesitaba un aparato para salvarlo. Insistió en su deseperación, y que el niño estaba en el Gea, y que el doctor le dijo que con que consiguiera ese aparato lo salvaba. Entonces, llegó el sablazo. Me dijo que sólo necesitaba doscientos pesos, que eso costaba y que con eso lo salvaba. Hizo una pausa y sigui me preguntó "¿Usted no tendrá doscientos pesos que me preste?". Al principio no escuché bien, y luego ya entendí bien que quería que le prestara. "Yo estoy aquí todos los días, se lo pago cuando venga"-
Guardé silencio un rato. Le pregunté otras cosas, como dónde vivía. Me dijo que en un albergue por viaducto, pero que no le gustaba, porque hay muchos drogadictos y borrachos. Su esposo la dejó según me contó, y su familia la corrió de su casa. También que hay muchas envidias entre boleros, porque el de la otra esquina dice que ella les roba a los clientes.
Al tiempo me volvió a decir con lágrimas de su hijo, que sólo necesitaba los doscientos. Como yo no respondía, me empezó a preguntar en dónde trabajaba, que cómo le hacía para vivir y cosas así.
De todos modos, no traía efectivo, así que le pagué la boleada, un poco más y una naranja que llevaba.
Espero que sea lo que sea, que le vaya bien.


martes, 19 de marzo de 2019

¡Chín!

I

-¿Por qué tanto desmadre? Odio el tráfico que se hace en los tréboles ¿no crees?
-Pues sí, pero mira: son los polis los que hacen el desmadre. De todos modos mira cuantos se meten en tercera fila y los de tránsito nomás mueven la mano pero los dejan pasar.
-Pues sí, uno que viene haciendo cola pa pasar decentemente y de todos modos a esos chacales les vale madres.
-Avanza que se te va a meter el micro... métele...
-Aguanta, nos va a dar...
-No ni madres, no lo dejes pasar al cabrón...
-Aguanta, leve, ¡frena...! ¡Chín!

II

-Esos méndigos microbuseros les vale madre todo ¡no es posible! Ni porque ponemos la patrulla y los conos pa que no se metan, de todos modos se clavan en tercera fila.
-Y luego resulta que se encabronan cuando les decimos que no se claven, que hacen un desmadre...
-A ver dile por el altavoz que no manche...
-Microbusero: haz favor de incorporarte en orden al flujo de coches por favor, nomás estas haciendo tráfico... no seas terco, hasta un burro entiende mejor que tú...
-Mira mira mira, le va a dar, le va a dar ¡Chín!

III

-A ver súbele, son Los Ángeles Azules ¿no?
-Simón.
-Clávate ahí, deja saco la mano pa' que te metas
-Simón
-Clávate, clávate, adelante hay pasaje... ¡súbale, lleva lugares!
-Chale con los automovilistas, hacen un montón de tráfico y ni nos dejan pasar...
-Clávate, clávate, yo te echo aguas...
-...
-...
-...
-...
-Chale, este güey no me deja pasar.
-¡Clávate, clávate! ¡acelera!
-...
-¡Clávate, clava... ¡Frena, frena! ¡Chín!

viernes, 11 de julio de 2014

¡Abas!

La plática en las bancas era cómoda y divertida, pura buena onda. Cerca había unos arbustos, una bodega de esas prefabricadas de lámina y al fondo, el lugar donde aventaban todo el cartón en desuso de toda la Facultad. Entonces, una amiga sacó un paquete de botana y lo ofreció al resto. Se trataba de las clásicas, sabrosas y quiebradientes habas enchiladas. Entonces de inmediato me vino a la mente, y canté el enorme verso:

Si yo te bajara el sol...
¡quemadota que te dabas!
         
 ¡Abas!

Y en eso, una hermosa voz me secundó con mucha alegría... ¡Abas! y no era ninguna de mis amigas. Volteé la mirada y sonreí al darme cuenta de que aquel acompañamiento era de una señora de vestimenta humilde que estaba recogiendo el cartón del rinconcito. Fue tal su gusto de escuchar la canción, reflejado en su sonrisa, tanto como el mío, así que nos estrechamos la mano, terminamos el siguiente verso, y nos quedamos con la satisfacción de que estas canciones, tan bonitas y divertidas, siguen viviendo en el presente, y que tenemos que encargarnos de que sigan existiendo, porque sino, 

vida mía las olvidabas...
¡abas!


Aquí, la canción completa de Chava Flores - La Interesada





miércoles, 3 de julio de 2013

En una noche sevillana.

En  las fiestas de la Cruz
En un barrio de Sevilla
Después de una noche Flamenca
A una tómbola entré

La noche calurosa
El tinto de verano
Y una maja sevillana
Al sorteo me invitó

Esa noche aposté mi suerte
En aquella tómbola
Con una maja sevillana
Y un pañuelo lila me gané

Desde entonces no he vuelto a ver
A la hermosa sevillana
Ni tengo aquel pañuelo

Con el que sus lágrimas sequé.

domingo, 3 de marzo de 2013

La partida.

Un tenue viento agitaba el negro velo de la hija que se encontraba, junto con el resto de los dolientes, alrededor de la fosa.
Rezaron y recordaron diversos pasajes de la vida del padre, lo cual incrementó los sollozos, las lágrimas, hundiendo cada vez más a la hija en una interminable angustia y desesperación.
Llegó el momento de descender el féretro. Al comenzar a recibir las primeras paladas de tierra, la hija explotó y entre desgarradores llantos, manifestaba a grito abierto la negación de la partida de su padre:
-¡¡No papá, no te vayas!! ¡No nos dejes!!
Pese a que los hermanos intentaron calmarla, ella no resistía, y agachada en el borde, estiraba la mano, como intentado tomar la de su padre:
-¡¡Llévame contigo, no me dejes sola!! ¡¡Llévame contigo!!
Pareció que al escuchar las súplicas, alguien quiso ayudarle, y desmoronó esa orilla de la fosa, provocando que la hija cayera sobre el ataúd, desatando una angustia más grande:
-¡¡Sáquenme de aquí, ya sáquenme!!
Y un hermano contestó:
-¡Ay'stá pendeja! ¡¿no que te querías ir con él?!

miércoles, 13 de febrero de 2013

Polvo eres...

Sonaron las campanas en la torre, más lentas, más cabizbajas... más tristes.
-¿Quién se habrá muerto? preguntaron en la cocina. La pregunta que una y otra vez se repetía cuando doblaban así las campanas.
Se trataba de los toques para misa de difunto, y sólo era cuestión de tiempo para que se enteraran quién era el finado.
A la segunda llamada ya lo sabían. Era un conocido lejano, que no estaba tan viejo pero estaba muy malo del azúcar, dijeron. Que qué ira a hacer ahora su esposa, si sus hijos todos viven en el norte y ella ya sin poder hacer nada...
-En fin, para allá  vamos todos --suspiraron-. Y aquí seguimos, en este valle de lágrimas.
Dieron el tercer doble. Un rebozo negro atravesó la calle lentamente. 
Los dolientes se encontraron de frente con quienes salían del oficio previo, todos con ceniza en la frente. Y el luto se posó en el crucero de la iglesia. Y todo siguió su curso. Después de todo, regresamos a lo que somos. Y eso, se lo lleva el viento.
 Pulvis es et in pulverum reverteris

miércoles, 6 de febrero de 2013

La veladora

-Señora... ¡Señora! Ya no puede estar aquí, ya es muy tarde.
-¿Mh?
-Que ya es muy tarde, que ya se vaya. Además, hace mucho frío, y su rebozo no lo alcanza a atajar.
No hubo respuesta. La gélida neblina humedecía ya el empedrado, apenas iluminado por la veladora que ella traía en la mano.
-Déjeme acompañarla --le dijo, a la vez que la tomó del brazo. Ella no se movió, y apenas dejó ver su rostro, cuando lo destapó levemente y le sopló a la cera. La luz se disipó, y sólo quedó el olor a humo y el rebozo en las manos del joven.

sábado, 2 de febrero de 2013

¡Tú le das Cucho!

El señor iba pasando por la plaza del pueblo, cuando de pronto vio un alboroto, provocado por una pelea callejera. Se unió a los mirones, y al acercarse se dio cuenta de que uno de los que peleaban, era su sobrino. Inmediatamente comenzó a apoyarlo, echándole gritos de ánimo, intentando así ayudarlo:
-¡Tú le das "Cucho"! ¡Tú le das! ¡Venga "Cucho", tú le ganas!
En eso, el sobrino volteó, y respondió:
-¡Qué fasó tío! ¡cómo que "Cucho"! ¡Si for eso es el fleito!

viernes, 26 de octubre de 2012

De los dientes a...

Hace algunos años -que cada vez pasan más rápido los condenados- pensé en, habiendo cambiado de giro, escribir una lista de Cirujanos Dentistas que habían destacado en otras áreas y no en la Odontología. No sé si sean todos los que había pensado, no los recuerdo a todos y algunos serán muy fáciles de adivinar, pero he aquí la lista:

Primero y de sopetón van tres, todos egresados de la Facultad de Odontología de la UNAM: Miguel Mejía Barón, José Luis "Pareja" López (el padre, no el Parejita bicampeón) y obviamente, Hugo Sánchez. Este último no se acuerda ni de qué fue su tesis, pero está en la Biblioteca Central, y creo que es de prótesis. ¿En qué destacaron? En ser Pumas, futbolistas y Hugo, en estar en un plano estelar.
Izq. Hugo Sánchez y "Pareja" López en segundo plano, festejan el título 80-81 de los Pumas
Der. Miguel Mejía Barón, apodado "Doctor" en su etapa de jugador del Universidad.



En segundo lugar, creo que se llama Ricardo González o no sé cómo chingados se apellida ni de dónde es egresado, pero tomó su nombre artístico de algo relacionado con la Odontología con lo que tuvo un gran éxito, sobre todo entre los pequeñines. Es, ni más ni menos que Cepillín.

El tercero y muy importante salió de una universidad de la Gran Bretaña, no recuerdo cual, pero cambió los espejos y pinzas de curación por un par de baquetas. Aplausos para ¡Roger Taylor, baterista de Cuín! (Osea Queen, pues).

En su momento, mi idea era escribir un texto similar a ese pero más desarrollado, pero sobre todo pensando en unirme al gremio de (¿ex?)dentistas exitosos en otro rubro. Casi lo logro, porque me estoy quitando lo de ex.

sábado, 23 de junio de 2012

Una garra briosa.



El viento traía la brisa del Atlántico, y llenaba los pulmones de aire fresco. Muy grata era la sensación de abrir los brazos y recibir la brisa teniendo enfrente el estuario del Tajo, y atrás el Terreiro  do Paço, (Patio del Palacio) también conocido como la Plaza de Comercio, en Lisboa.
Me encontraba tomando fotos del lugar, cuando de pronto vi que un grupo de unas treinta o cuarenta  personas entró a la plaza por una esquina, gritando y dirigiéndose a la estatua ecuestre del rey José I de Portugal. Los integrantes del conglomerado vestían casi en su totalidad de negro, con elegantes trajes, corbata y una capa del mismo color, algunos con un sombrero con listón negro. Además traían al cuello bufandas que se notaba que eran de algún club de futbol.
Cuando llegaron a la base del monumento, vi que también traían una o dos pacas de paja que colocaron a los pies del caballo, después de brincarse sin pudor alguno la reja que lo rodea. Tomaron algo más de paja y la esparcieron  por donde pudieron. Claramente se notó que era alguna especie de ridiculización o humillación hacia la estatua. Terminaron con una especie de porra dirigida por el que se había subido a la estatua, y fue coreada por todo el grupo. Cuando terminaron me acerqué a preguntar de qué se trataba.

Muy amables, como suelen ser los portugueses, me respondieron que, efectivamente se trataba de un equipo de futbol, cuyo color característico es, como dije, el negro. Se trata del Académica de Coimbra, o más completo, Associação Académica de Coimbra – O.A.F. (Organismo Autónomo de Futbol) y me dí cuenta, con alegría, que se trata de un club muy similar al Universidad de México: Los Pumas de la UNAM.

 

El escudo de la Asociación incluye la Torre de la Universidad
de Coimbra. 

La Asociación Académica es la organización estudiantil de la Universidad de Coimbra, casa de estudios fundada en 1290. Es la más antigua de Portugal y de las más añejas del mundo con operación continua. En 1887, se inicia el club de futbol de la Asociación, siendo uno de los más viejos del balompié lusitano. Surgió como un equipo deportivo de estudiantes. Es apodado como briosa, en el sentido de orgullo, tenacidad, espíritu… o garra.

 

Por nuestra parte, el Club Universidad Nacional se fundó en 1954, en condiciones similares, de un equipo hecho de puros estudiantes, muchos de los cuales tomaban clase en la mañana, y por la tarde se iban a entrenar, todo obviamente en Ciudad Universitaria. Un ejemplo es el recientemente fallecido arquitecto Juan José Díaz Infante, que fue arquero de los Pumas, así como constructor de las instalaciones “Guillermo Aguilar Álvarez” mejor conocidas como la Cantera Oriente. (http://www.m-x.com.mx/2012-04-15/juan-jose-diaz-infante-el-hombre-que-imagino-las-ciudades-del-futuro/ ///// http://www.jornada.unam.mx/2012/06/13/cultura/a07n1cul)

 

El puma es el símbolo del deporte universitario, ya que es
 un animal astuto, inteligente, veloz, agresivo, 
cualidades que debía tener un jugador.
 Podemos decir, en resúmen, Garra, Espíritu y Corazón.
El mote lo escogió el Coach de Football americano
 Roberto "Tapatío" Méndez.

Ya a nivel profesional, se conformó el patronato de los Pumas para que tuvieran autonomía financiera, sin que se usaran recursos de la UNAM en caso de haber pérdidas. En la historia del Universidad se destaca la filosofía y mística que debe caracterizar al universitario: garra, entrega, pasión. De su Cantera han salido los jugadores más importantes de México y es, como sabemos, de los que más seguidores tienen, pero sobre todo, somos una afición que sabemos que ser Puma va mucho más allá que sólo irle a un equipo de futbol. Nuestro último campeonato, el séptimo, se logró hace un año, y para este torneo, nos hemos reforzado con un refrescante y sano cambio de directiva, y con la llegada de algunos jugadores para apuntalar al equipo y cobijar a los canteranos. Esperemos que pronto caiga la octava estrella.

 

Como se ve, las similitudes entre los Pumas y la Briosa son muchas: equipos nacidos como y de universitarios al 100%, que se caracterizan por una filosofía muy particular de garra y entrega, que no sólo forman buenos jugadores de futbol, sino que su mística implica formar buenos seres humanos. Orgullosos portadores de sus tradiciones universitarias, Académica y Pumas son, vaya que sí, mucho más que equipos de futbol.

 

A mí no me gusta cuando algunos mexicanos dicen que le van al Barcelona, Manchester United, etcétera, simplemente por no estar inmerso en el por qué del club, sus filosofías, el sentido de pertenencia e identificación. Aunque, la verdad, el modo en que conocí al Académica, y al conocer un poco su historia, vi que fácilmente un Puma se puede identificar con la Briosa, y simpatizar con ella.

 

Regresando a lo de la estatua, en un primer momento pensé que se trataba algo así como La Quema del Burro previa al Clásico Poli-UNAM, pero la historia detrás de eso es muy interesante. Está relacionada con la dictadura que sufrió Portugal hasta el año 1974. Durante los años 60’s, los universitarios de Coímbra luchaban contra dicho régimen y la falta de libertad de expresión. En 1967, el club volvió a disputar la final de copa en Lisboa, y los estudiantes le llevaron paja al caballo de don José, como una forma de protesta ante la situación de Portugal, haciendo alusión a que no había comida para nadie, ni siquiera para el caballo. A la policía no le gustó dicho acto,  y por eso desde entonces, cuando el Académica jugaba en Lisboa, le llevaban dicho regalito al caballo.

 



Esa tarde la Briosa disputaría la Copa de Portugal contra el Sporting de Lisboa (de hecho, ví algunos aficionados del conjunto verdiblanco en el metro) en el Estadio Nacional de Portugal, mejor conocido como Jamor (léase Yamor). Ya en la tarde, instalado en el hotel ví el juego, que el Académica empezó ganando desde muy temprano, en un clima en extremo cambiante entre sol y lluvia en cuestión de minutos una y otra vez. El marcador final quedó así, 1-0, dándole a la Briosa un título después de 73 años (su última copa la ganaron en 1939) lo que, honestamente me dio gusto por el equipo de Coimbra ¡¡Felicidades!!. Esperemos que Pumas haga lo propio esta temporada y no estaría mal que algún día haya un choque entre ambos equipos ¡A-CA-DÉ-MI-CA! ¡GOYA!







Gracias a Vasco Ramos por la información que me proporcionó.

miércoles, 22 de febrero de 2012

La cara de la muerte.

La cara de la muerte.


No se sabe cuando llega,

ni tampoco en dónde se encuentra.

Aunque todo el tiempo está allí, a los pies

[del lecho.

Parece que nunca la hemos visto,

que no la hemos habitado.

¿Cuándo ha de mostrar su rostro?

En el momento más esperado

[y en el menos, también.


De mil maneras se ha imaginado:

Alegre, agresiva, oscura, sombría

De papel picado, de cartonería.

¡Está por todos lados!


Pero al parecer, nunca sabremos cómo es.

Conocemos las caras de los muertos,

sus faces sin vida, cuyo rostro quedó frío y tieso,

cuando vieron la cara de la muerte.



La cara de la agonía.


¿Es el muerto el que agonizó?

¿Fue el vivo quien vio su hora llegar?

O en realidad su gente fue la que vivió la peor agonía

Quienes vieron cómo gota a gota – o de trancazo

[dio el paso infinito.


La cara del doliente.


Rostros oportunistas, hipócritas,

sollozando más duro que reses en el matadero

¿Agonizaron con el finado? ¿Sufrieron realmente el padecer?

¿O sólo frente a los congregados quieren aparentar su amor

[o dizque dolor?