Cuentos e historias, muchas inspiradas por lo que veo en la calle, en el campo o donde sea. Una miscelánea de lo que ven mis ojos.
lunes, 5 de agosto de 2024
Yo no conozco Berlín.
¿Qué pasó con usted?
Imagínate ir caminando en la calle y de pronto hallarte a tu antiguo maestro de una de tus materias favoritas de la infancia. No re reconoce, pero tú si a él. ¿Qué le dirías? ¿Y él que pensaba cuando eras un niño y te guiaba? ¿Se imaginaba qué sería de tí? ¿Y tú?
viernes, 2 de agosto de 2024
¿Cuál esperanza, dime tú?
domingo, 30 de agosto de 2020
Las noches de la estación
El tren empezó a avanzar. Los focos anaranjados iluminaban la neblina nocturna, y la estación se quedó vacía.
Licerio, el encargado de la estación por las noches, hizo unas anotaciones, colgó la tabla en un clavo y se sentó en la banca de madera. Pasó un tiempo así, como solía hacerlo cada noche desde hacía muchos años.
Le gustaba ver el horizonte obscuro, donde después de unos segundos podía notar la silueta de los cerros. También le gustaba disfrutar del silencio nocturno, acompañado por los snoidos de los grillos, las chicharras y las lechuzas.
Cruzaba los pies, se ajustaba el cuello de la chamarra de borrega, suspiraba y el vaho salía de su boca en forma de vapor. Se quedaba ají sentado hasta que dejaba de escuchar el tren, muy a lo lejos, cuando ya no se distinguía el ruido del silbato y mucho menos el de las vías.
A veces se metía al mostrador y veía las libretas de los viajes, y trataba de recordar cuales de esos lugares conocía, a cuales le hubiera gustado ir, y cuales le desagradaban.
Una vez, de niño, estaba en San Ignacio. Lo habían mandado de niño a ver a su tía, porque se había quebrado una pierna. Llegó temprano, platicó con su tía y la ayudó a algunas cosas. Después salió a dar una vuelta a la plaza. Compró un peso de galletas de sal, entró a la iglesia a rezar y volvió a casa de su tía. Comieron y a media tarde tomó el tren de regreso. Antes de irse, su tía le regaló un guajolote para que se lo llevara. Y ahí iba el pequeño Licerio, con su guajolote nuevo, camino a casa.
Llegando a su pueblo, ya era de noche. Caminó por las calles obscuras, dando las buenas noches a quien se encontraba. Le preguntaban "¿Y ese guajolote?"Y respondía "Es un regalo". "Ha de estar bien bueno para un mole. Si quieres, cuando crezca, me lo llevas y lo preparamos". Licerio respondió que gracias, que luego vemos, y se iba pensando en que el quería a su guajolote para jugar con él, no para comérselo.
De todos modos, otro día que fue a la estación a recoger la correspondencia, regresó y ya no había guajolote. Había engordado tanto que se lo vendieron a una comadre. Al regresar y no verlo, pensó que se había volado o algo así. Se fue corriendo angustiado a preguntar qué le había pasado, le dijeron y salió disparado con la comadre, pero ya era demasiado tarde. Muy triste, fue de nuevo a la estación a sentarse en cuclillas, recargado en una pared, hasta que pasó el tiempo y se sintió mejor.
Licerio, con una leve sonrisa de recuerdo, cambió la hoja de viajes. Pensó en cómo es la vida, que de niño iba a la estación a jugar, pasar el tiempo y disfrutar mucho, y cómo acabó trabajando allí por tantos años.
Otras veces bajaba a las vías con su linterna de ferrocarrilero y caminaba sobre la vía, asegurándose de que alguien no hubiera ido a dejas cosas con las que el tren pudiera accidentarse, porque una vez escuchó que en otro lugar habían dejado un sillón en plenas vías, lo que provocó un accidente en el que se derramaron sustancias tóxicas. Tuvieron que desalogar a mucha gente y mandarla a un albergue temporal.
Muchas veces le preguntaban si no le daba miedo estar ahí solo en la noche, pero Licero decía que ya estaba acostumbrado y que ya había visto todo lo que tenía que ver.
Una vez, como a las cuatro de la mañana, escuchó a lo lejos que alguien gritaba. Tomó su linterna y unas tres bengalas por si necesitaba poner señales de alerta. Caminó hacia la parte de la vía que pasa junta al arroyo, cerca del fresno grande. Ahí vio a una persona de espaldas, hincada. Sin acercarse demasiado, le preguntó por qué gritaba, pero no le respondió. "¡¿Quiere una cobija?!" y nada. Licerio pensó que no había nada más qué hacer. Antes de partir, pensó que convendría dejar una bengala encendida para que la persona viera el camino y no tropezara con la vía. Gritó para avisar que ya se iba, y la persona, que había estado quieta como tumba, en un santiamén se paró y, rápida como el viento, fue directo contra Licerio, quien no tuvo tiempo de reaccionar, sintió el golpe y no despertó en un rato. Cuando lo hizo, vio la luz roja de la bengala, a punto de extinguirse. Se paró y, mareado y sin entender qué había pasado, regresó a la estación.
Historias como esa le tocaron por decenas. Muchas creía que las había imaginado o inventado, solo, divagando por las noches. Otras, sabía que era las que a el le contaron de niño. Pero unas cuantas, las menos, sabía que habían sido verdad, e incluso habían quedado marcas en la estación, pruebas irrefutables de lo que había visto, como las uñas marcadas en el mostrador en forma de rasguño, o la cicatriz que tenía en el hombro que le hicieron con la misma hacha que estaba marcado en el marco de la puerta de atrás. Nunca supo qué fue. Sólo forcejeó con algo que no veía, pero sentía claramente las manos que lo lastimaban, y que lo empujaron. Cayó al piso y ahí fue donde le soltó el hachazo que alcanzó a esquivar poque iba directo al cuello. A la mañana siguiente, le preguntaron por qué había sangre en el piso. Licero no sabía qué responder.
Licerio se volvió a sentar en la banca, recordando todas las cosas que había vivido. Esa noche tenía más frío que las demás. Se cobijó y se quedó dormido.
miércoles, 6 de mayo de 2020
Peloteando en la calle
Con un saludo al payaso Bombitas.
viernes, 27 de marzo de 2020
Los Aficionados*
martes, 16 de julio de 2019
Última Oportunidad*
Corrió desesperadamente, gritando y manoteando, incluso chiflando, hasta que por fin se detuvo, subió, y empezó el largo trayecto hacia su siguiente destino.
jueves, 4 de abril de 2019
Gitanos y Reyes: Gipsy Kings en México.
martes, 2 de abril de 2019
Adiós, Guacarrocker.
miércoles, 20 de marzo de 2019
Bolera
martes, 19 de marzo de 2019
¡Chín!
-Pues sí, pero mira: son los polis los que hacen el desmadre. De todos modos mira cuantos se meten en tercera fila y los de tránsito nomás mueven la mano pero los dejan pasar.
-Pues sí, uno que viene haciendo cola pa pasar decentemente y de todos modos a esos chacales les vale madres.
-Avanza que se te va a meter el micro... métele...
-Aguanta, nos va a dar...
-No ni madres, no lo dejes pasar al cabrón...
-Aguanta, leve, ¡frena...! ¡Chín!
-Y luego resulta que se encabronan cuando les decimos que no se claven, que hacen un desmadre...
-A ver dile por el altavoz que no manche...
-Microbusero: haz favor de incorporarte en orden al flujo de coches por favor, nomás estas haciendo tráfico... no seas terco, hasta un burro entiende mejor que tú...
-Mira mira mira, le va a dar, le va a dar ¡Chín!
-Simón.
-Clávate ahí, deja saco la mano pa' que te metas
-Simón
-Clávate, clávate, adelante hay pasaje... ¡súbale, lleva lugares!
-Chale con los automovilistas, hacen un montón de tráfico y ni nos dejan pasar...
-Clávate, clávate, yo te echo aguas...
-...
-...
-...
-...
-Chale, este güey no me deja pasar.
-¡Clávate, clávate! ¡acelera!
-...
-¡Clávate, clava... ¡Frena, frena! ¡Chín!
viernes, 11 de julio de 2014
¡Abas!
miércoles, 3 de julio de 2013
En una noche sevillana.
domingo, 3 de marzo de 2013
La partida.
miércoles, 13 de febrero de 2013
Polvo eres...
Pulvis es et in pulverum reverteris
miércoles, 6 de febrero de 2013
La veladora
-¿Mh?
-Que ya es muy tarde, que ya se vaya. Además, hace mucho frío, y su rebozo no lo alcanza a atajar.
No hubo respuesta. La gélida neblina humedecía ya el empedrado, apenas iluminado por la veladora que ella traía en la mano.
-Déjeme acompañarla --le dijo, a la vez que la tomó del brazo. Ella no se movió, y apenas dejó ver su rostro, cuando lo destapó levemente y le sopló a la cera. La luz se disipó, y sólo quedó el olor a humo y el rebozo en las manos del joven.
sábado, 2 de febrero de 2013
¡Tú le das Cucho!
-¡Tú le das "Cucho"! ¡Tú le das! ¡Venga "Cucho", tú le ganas!
En eso, el sobrino volteó, y respondió:
-¡Qué fasó tío! ¡cómo que "Cucho"! ¡Si for eso es el fleito!
viernes, 26 de octubre de 2012
De los dientes a...
Primero y de sopetón van tres, todos egresados de la Facultad de Odontología de la UNAM: Miguel Mejía Barón, José Luis "Pareja" López (el padre, no el Parejita bicampeón) y obviamente, Hugo Sánchez. Este último no se acuerda ni de qué fue su tesis, pero está en la Biblioteca Central, y creo que es de prótesis. ¿En qué destacaron? En ser Pumas, futbolistas y Hugo, en estar en un plano estelar.
En segundo lugar, creo que se llama Ricardo González o no sé cómo chingados se apellida ni de dónde es egresado, pero tomó su nombre artístico de algo relacionado con la Odontología con lo que tuvo un gran éxito, sobre todo entre los pequeñines. Es, ni más ni menos que Cepillín.
El tercero y muy importante salió de una universidad de la Gran Bretaña, no recuerdo cual, pero cambió los espejos y pinzas de curación por un par de baquetas. Aplausos para ¡Roger Taylor, baterista de Cuín! (Osea Queen, pues).
En su momento, mi idea era escribir un texto similar a ese pero más desarrollado, pero sobre todo pensando en unirme al gremio de (¿ex?)dentistas exitosos en otro rubro. Casi lo logro, porque me estoy quitando lo de ex.
sábado, 23 de junio de 2012
Una garra briosa.
Muy
amables, como suelen ser los portugueses, me respondieron que, efectivamente se
trataba de un equipo de futbol, cuyo color característico es, como dije, el
negro. Se trata del Académica de Coimbra, o más completo, Associação Académica de Coimbra – O.A.F. (Organismo
Autónomo de Futbol) y me dí cuenta, con alegría, que se trata de un club muy
similar al Universidad de México: Los Pumas de la UNAM.
![]() |
| El escudo de la Asociación incluye la Torre de la Universidad de Coimbra. |
La Asociación Académica es la organización estudiantil de
la Universidad de Coimbra, casa de estudios fundada en 1290. Es la más antigua de Portugal y de
las más añejas del mundo con operación continua. En 1887, se inicia el club
de futbol de la Asociación, siendo uno de los más viejos del balompié
lusitano. Surgió como un equipo deportivo de estudiantes. Es apodado como briosa, en el sentido de orgullo,
tenacidad, espíritu… o garra.
Por nuestra parte, el Club Universidad Nacional se fundó en
1954, en condiciones similares, de un equipo hecho de puros estudiantes, muchos
de los cuales tomaban clase en la mañana, y por la tarde se iban a entrenar,
todo obviamente en Ciudad Universitaria. Un ejemplo es el recientemente
fallecido arquitecto Juan José Díaz Infante, que fue arquero de los Pumas, así
como constructor de las instalaciones “Guillermo Aguilar Álvarez” mejor
conocidas como la Cantera Oriente. ( http://www.m-x.com.mx/2012-04-15/juan-jose-diaz-infante-el-hombre-que-imagino-las-ciudades-del-futuro/ ///// http://www.jornada.unam.mx/2012/06/13/cultura/a07n1cul)
Ya a nivel profesional, se conformó el patronato de los
Pumas para que tuvieran autonomía financiera, sin que se usaran recursos de la UNAM
en caso de haber pérdidas. En la historia del Universidad se destaca la
filosofía y mística que debe caracterizar al universitario: garra, entrega,
pasión. De su Cantera han salido los jugadores más importantes de México y es,
como sabemos, de los que más seguidores tienen, pero sobre todo, somos una
afición que sabemos que ser Puma va mucho más allá que sólo irle a un equipo de
futbol. Nuestro último campeonato, el séptimo, se logró hace un año, y para
este torneo, nos hemos reforzado con un refrescante y sano cambio de directiva,
y con la llegada de algunos jugadores para apuntalar al equipo y cobijar a los
canteranos. Esperemos que pronto caiga la octava estrella.
Como se ve, las similitudes entre los Pumas y la Briosa son
muchas: equipos nacidos como y de universitarios al 100%, que se caracterizan
por una filosofía muy particular de garra y entrega, que no sólo forman buenos
jugadores de futbol, sino que su mística implica formar buenos seres humanos.
Orgullosos portadores de sus tradiciones universitarias, Académica y Pumas son,
vaya que sí, mucho más que equipos de futbol.
A mí no me gusta cuando algunos mexicanos dicen que le van
al Barcelona, Manchester United, etcétera, simplemente por no estar inmerso en
el por qué del club, sus filosofías, el sentido de pertenencia e
identificación. Aunque, la verdad, el modo en que conocí al Académica, y al conocer
un poco su historia, vi que fácilmente un Puma se puede identificar con la
Briosa, y simpatizar con ella.
Regresando a lo de la estatua, en un primer momento pensé
que se trataba algo así como La Quema del Burro previa al Clásico Poli-UNAM,
pero la historia detrás de eso es muy interesante. Está relacionada con la
dictadura que sufrió Portugal hasta el año 1974. Durante los años 60’s, los universitarios de Coímbra luchaban contra dicho régimen y la falta
de libertad de expresión. En 1967, el club volvió a disputar la final de copa
en Lisboa, y los estudiantes le llevaron paja al caballo de don José, como una
forma de protesta ante la situación de Portugal, haciendo alusión a que no
había comida para nadie, ni siquiera para el caballo. A la policía no le gustó
dicho acto, y por eso desde entonces,
cuando el Académica jugaba en Lisboa, le llevaban dicho regalito al caballo.
Esa tarde la Briosa disputaría la Copa de Portugal contra
el Sporting de Lisboa (de hecho, ví algunos aficionados del conjunto
verdiblanco en el metro) en el Estadio Nacional de Portugal, mejor conocido
como Jamor (léase Yamor). Ya en la tarde, instalado en el hotel ví el juego,
que el Académica empezó ganando desde muy temprano, en un clima en extremo
cambiante entre sol y lluvia en cuestión de minutos una y otra vez. El marcador
final quedó así, 1-0, dándole a la Briosa un título después de 73 años (su
última copa la ganaron en 1939) lo que, honestamente me dio gusto por el equipo
de Coimbra ¡¡Felicidades!!. Esperemos que Pumas haga lo propio esta temporada y no estaría mal que algún día haya un choque entre ambos equipos ¡A-CA-DÉ-MI-CA! ¡GOYA!
Gracias a Vasco Ramos por la información que me proporcionó.
miércoles, 22 de febrero de 2012
La cara de la muerte.
La cara de la muerte.
No se sabe cuando llega,
ni tampoco en dónde se encuentra.
Aunque todo el tiempo está allí, a los pies
[del lecho.
Parece que nunca la hemos visto,
que no la hemos habitado.
¿Cuándo ha de mostrar su rostro?
En el momento más esperado
[y en el menos, también.
De mil maneras se ha imaginado:
Alegre, agresiva, oscura, sombría
De papel picado, de cartonería.
¡Está por todos lados!
Pero al parecer, nunca sabremos cómo es.
Conocemos las caras de los muertos,
sus faces sin vida, cuyo rostro quedó frío y tieso,
cuando vieron la cara de la muerte.
La cara de la agonía.
¿Es el muerto el que agonizó?
¿Fue el vivo quien vio su hora llegar?
O en realidad su gente fue la que vivió la peor agonía
Quienes vieron cómo gota a gota – o de trancazo
[dio el paso infinito.
La cara del doliente.
Rostros oportunistas, hipócritas,
sollozando más duro que reses en el matadero
¿Agonizaron con el finado? ¿Sufrieron realmente el padecer?
¿O sólo frente a los congregados quieren aparentar su amor
[o dizque dolor?













