jueves, 10 de enero de 2008

Una operación nasal.

Después de muchos años de padecer inflamación de los senos, de los llamados paranasales, me ví en la necesidad de someterme a una intervención quirúrgica, pa poder controlar todos los mocos que producía, y que me causaba no pocas molestias. Lo que sí es que llegué a esta instancia después de tratarme muchas veces con halopatía sin obtener una cura, simplemente eliminando los signos y síntomas que en un momento dado me atacaban los huecos de los huesos de la cara, pero que después volvían a aparecer.

Fui con la otorrinolaringóloga, profesion que lleva nombre de trabalenguas, y me mandó a hacerme una tomografía, estudio que me parece por demás maravilloso al poder hurgar el tuétano craneal de las personas sin anestesia, sin ser invasiva y con el único dolor de tener que pagarla. La galena revisó mi estudio y diagnosticó desviación del septo nasal, mejor conocido como tabique, además de un espolón y los cornetes como más crecidos de lo normal. La septoplastía me había sido indicada.

Pasó un tiempo y me decidí a ponerle fecha. La doctora me dio las indicaciones pertinentes, además de enviarme a hacer nuevos estudios, los cuales incluían un electrocardiograma pa ver que mi cucharón de mole me palpitaba bien y bonito, una sacada de sangre pa ver que no tuviera chancros nadadores o alguna ostra cosa malévola, y los típicos estudios de orina los cuales envasé, como debe de ser, en un frasco de Gerber pa bebé. Por cierto, fácilmente, después de haberlos enfriado, los orines bien pudieron pasar por juguito de piña etapa 3 para preescolares.

Nada malo hubo, nada que pusiera en riesgo mi operación, nomás bacterias en el pispirrín, o en las vías urinarias más precisamente, microorganismos que fueron atacados con el mismo antibiótico que me habían recetado pa estar seguros de que no tenía mocos podridos antes de que me enderezaran la fábrica de mocasines.

La cirujana me cuestionó si quería de nodocomio acá el lujo pirrurris o algo funcional, osea, bueno, bonito y barato. Como mis acciones internacionales habían sufrido una terrible caída horas antes, no podía darme el lujo de irme a operar Houston, sino que opté por una clínica que tuviera afuera unos tacos de suadero y de moronga, en caso de necesitar una transfusión.

Me interné en un H. de paso, cerca de la Calzada de Tlalpan. Un hospital, no un hotel, el cual cuenta con nada más y nada menos que lo justo necesario para una cirugía ambulatoria como en la que yo iba a ser protagonista, es decir, que apenas pudiera levantarme, me mandaban derechito a la chida casa en la que habito.

Total que llegué al 20 pa las siete de la mañana al lugar, ya que salí temprano para prevenir que hubiera mucho tráfico además de la básica perdida que en efecto sufrí al no dar luego luego al sitio exacto. Tenía el resto de hambre porque esas cosas se hacen en ayunas, y nomás veía a los vendedores de guajolotas resignado a no poder probar una en al menos una semana.

Ya vi que una señora abrió la clínica, llegaron dos o tres personas más y me bajé pa hacer lo necesario. Les dije que yo era el paciente y ya me pasaron. Me pesaron y resulta que nomás me faltan 6 pa darle a los cien kilos (¡arriba los pesos pesados!). Luego, con un chingo de frío me pasaron a un cuartito con plantas y con techo de acrílico, por lo cual la temperatura era aún menos. Me senté frente al escritorio, sobre el cual se posaba una máquina de escribir grandota grandota como la que usa el escritor pa partirle la madre a su gorda secuestradora en la película “Misery”. Llegó un señor amable, con chalequito onda César Costa y comenzó a llenar unas hojas que estaban dentro de una como carpeta metálica, igualita a las que usan en los hospitales de la telera. Me inquirió mis datos personales y luego lo que los que tienen como insignia la vara de Esculapio llaman historia clínica. Que si eres un borracho, un vicioso, que si alguien en tu familia tiene alguna enfermedá, que si tienes gonorrea, que de qué color tienes los ojos, que si te han operado previamente, y otras cosas que, eso sí, se llenan más agradablemente que un formato universal de la tesorería.

Después me explicó el procedimiento, con tono de voz y formas muy similares a las que empleó el agente Smith pa decirle a Neo (Keanu Reeves) que o coopela o cuello en Matrix:

Primero te semiencueras y te pones esa bata igualita a las del IMSS, esperas con harto frío a que lleguen por tí en una silla de ruedas, luego te vamos a acostar en la plancha y te vamos a poner nos aparatos pa ver si te estas muriendo o aún vives. Viene después un pinchazo pa ponerte el suero y dejarte ir la anestesia por ay (por la intravenosa), mascarilla con oxígeno, te duermes y te ponemos un tubo en la garganta pa que respires y luego, antes de que te des color, ya te echamos de retache en tu cama.

Ya fue una enfermera por mí, me subí a la silla de ruedas que evidentemente no estaba contemplada para una persona alta como yo, ya que tuve que alzar las patrullas pa no frenar el avance de la silla. Llegamos al quirófano y me acosté en la esa plancha y ay estaba el doc que me había explicado todo pero ya con pijama quirúrgica, cubrebocas y toda la onda. Además estaba acompañado por ostras varias personas que les iban a echar la manon por supuesto, la otorrino.

Así como en las pelis, escuchaba yo el pip pip de la maquinita que dice que mi palpiatar es el correcto, me descubrieron los brazos y me pincharon en la mano izquiera. El dolor del piquete en sí no fue muy fuerte, pero luego pasó una sustancia de no marches, pinche ardor en toda la mano, y lo más gacho fue que la cochina aguja se botó, y tuvieron que mutilarme otra vena pa lograr su cometido.

En el pasado, sólo me había operado del estrabismo (algo así como estar bizco) como a los cuatro años y la cirujía de las muelas del juicio y de un diente de más que tenía. Las dos últimas, obviamente, no cuentan como operación de a debis porque nomás me pusieron anestesia local, pero en la de los oclayos, me pincharon y me dolió pese a que me dijeron que no serís así, y luego me pusieron a inflar un méndigo globo que se desinflaba cada que soplaba. Dí tres soplos y lo siguiente que recuerdo es que escuchaba las voces de mis familiares diciéndome que ya habían acabado. Pero es así de putazo, no sientes que dormiste un chingo ni nada, nomás te duermes, luego luego despiertas y quien sabe cuantas cosas te hicieron ya en la maceta.

Pues esta fue igualita. Me dijeron que ya me estaban soltando el anestésico por la vena, y en cuestión de segundos sentí como que flotaba, y dije pus me río. En eso, me colocaron una mascarilla y de repente nomás sentí que alguien me tenía del brazo y mi sensación fue la de un borracho que ya perdió la conciencia y que sus cuates ya se lo quieren llevar por malacopa. Tons sentí que me tomaron del brazo y ya estaba apunto de decir “¡No chinguen! ¡Si yo todavía no me quiero ir y estoy chupando reteagusto!” cuando alguien dijo que ya había acabado la operación. Recordé y me tranquilicé.

Tambien como se ve en las series de la tele (que es mi máximo medio de información, aunque digan que es la caja idiota y no se qué) al despertar, como que abría los ojos, captaba algo y se me volvían a cerrar, luego ostra vez veía a mis familiares platicando con la doctora y me desvanecía de nuez y así hasta que ya estaba bien. Esperaron a que casi se acabara el suero, y que me pudiera levantar pa correrme del nosocomio, cosa que aconteció como a las 2 y 10 de la tarde.

Me mandaron medicamento, y me pusieron unas cintas en la nariz pa que no se me fuera a caer en el camino, además de una gasa sostenida por cinta adhesiva de microporos pa que todos los mocos coagulosos que me han salido desde entonces no se me vayan a la buchaca y me los vaya a comer como moronga. Y con eso me dí cuenta de que así qué chiste, uno no puede ver nada de lo que le hacen. Hubiera contratado uan filmación de las que usan en los XV años pa luego ver qué me hicieron... y si lo hicieron . En fin.



EPÍLOGO (o como se llame lo que va hasta atrás)

Cinco días después me lancé a que me quitaran los tapones de gasa que me habían refundido hasta lo más hondo de mis cavidades que echan moco, y un montón de cintas micropor como férula me imagino. La doctora me había recomendado llevar una caca-cola bien helodia de fría y de lata, pa que estuviera más fría, ya que me podría alivianar en caso de nausea. Me explicó qué me iba a pasar y me pasó al sillón donde atiende.

Cuando me hube sentado, me dió una bolsita y sacó una pinza. Me quitó las esas madres de la superficie nasal, que ya lucían como bolsa de papel de estraza pa las tortas de tanta pinche grasa narizal que se les había embarrado.

Luego procedió a sacarme los dichosos tapones, empezando por el del lado izquierdo. Tomó un borde con la pinza y comenzó a jalar. Al principio se siente como sacarse un mocos de esos semilíquidos que se alojan al final de la fosa nasal, pero que de la parte de donde se toman son ya duritos. Uno piensa que ese inocente va a ser un moquito, pero cuando da el jalón ¡zaz! qiente que viene de muy adentro, y queda escurriendo en el dedo, y uno piensa rápidamente en qué mueble embarrarlo pa que no se note, porque hacerlo bolita en un estado tan líquido dificulta mucho la operación. Pues así se siente... al principio, porque luego uno siente que, mientras continúa la extracción, algo de muy hondo dentro de su cráneo le es arrancado. No es dolor, es una sensación que nunca había sentido y por eso es extraña, pero no dolorsa. Pero, eso sí, una lagrimita me sacó, pero que quede claro que por reflejo, no por chilletas. Ya estando afuera el coso ese, sentí un chingo de alivio, pero además que me entró el resto de aigre se esmog hasta lo más hondo de mi senos frontales y a la garganta.

Procedió de similar forma del otro lado y fue más o menos lo mismo: esa sensación rara de desprenderse de un moco gigante con tecata de sangre. Ambas gasas muy suaves (no parecían de las comunes, sino más bien como toallitas húmedas) estaban llenas de moco, y yo pensé que iban a estar todas cafés como escusado de gasolinería por la sangre coagulada seca y vuelta a humedecer rellena de más coagulitos, pero nones; estaban llenas de pura mocosidad transaprente. Contnuó el proceso e introdujo en mis fosas algodones como yo los fines de semana: emebebidos en alcohol pa limpiar y listo. Todo lo quirúrgico había terminado: Antibiótico ey antiinflamatorio, y a casa de nuevo. PEro como epílogo del epílogo, toda la grasa acumulada me provocó un acné en la nariz cual si fuera yo un pubertoso chamaco de la secun que se exprime los barritos blancos de pus. Íñor.


sábado, 24 de noviembre de 2007

¡Qué quemada!

Catalina y Olivia eran dos ancianas que se habían estado marchitando juntas por los últimos treinta y ocho años. Por extrañas razones que se perdieron en el tiempo, llegaron a un departamento de interés social juntas, buscando un porvenir prometedor, con las esperanzas de que ahora sí la iban a hacer con el nuevo negocito que iban a montar y que cada una encontraría su camino-corazón y por ende -y estaban mas seguras de eso que de cualquier otra cosa- se iban a separar en algún momento.

Quién sabe cómo, pero algo (¿tiempo? ¿destino?) les gastó una broma pesada, pesadísima y negra, logrando que todos sus planes quedaran en nada. Más difícil fue para ellas el llegar a la conclusión de que, después de todo ese tiempo , y al contrario de lo que creían y querían, era más que probable que ya no se fueran a separar jamás.

Apenas vivían de la pensión universal para adultos mayores, y de otros pequeños ingresos que por ahí lograban, con un anuncio que lograron poner en la sección de clasificados de una revista inmoral.

Sus familias les dieron las espaldas en el momento en que salieron de sus lejanas tierras en busca de algo completamente inseguro. Y por lanzarse a la aventura, borraron su pasado.

No tenían a más nadie para contar sus sentimientos que la una a la otra. No contaban con nadie más. Nunca forjaron amistad alguna (ni siquiera una débil relación) con ningún vecino. Cuando compraban algo en la tienda, no decían ni una sola palabra. Únicamente mostraban el producto, el tendero les decía el total a pagar, sacaban de su monedero roído unas monedas y pagaban, sin siquiera dar las gracias.

El espejo de su baño, ahora percudido, con manchones oscuros por el descarapelado, y viejo como ellas, se homogeneizaba con sus rostros reflejados en él. El espejo vio día a día cómo la piel se les arrugaba, las verrugas crecían, el cabello se enblanquecía y los ojos se les inundaban de tristeza y frustración. Y ahí, cada mañana que se veían, en el momento en que cruzaban miradas con su reflejo, una pequeña gota fluía del ya casi seco lagrimal.

Sus apariencias eran similares. Ambas tenían el pelo muy corto, casi se podría decir que con corte militar, y dicho corte se lo realizaba una a la otra, porque eso era lo que sabían hacer: estilismo. Y se estilizaban. De vez en vez, les gustaba jugar (llamémoslo así) a que tenían un gran salón de belleza y que maquillaban a alguna artista importante. De tal modo, sacaban un estuche de pinturas corrientes y ahí se maquillaban ante el espejo que en algunas -y sólo algunas- ocasiones las veía sonreír. Y al verse tan bellas en el espejo, tenían que salir a la calle a presumir tácitamente su encantador semblante. Apenas alcanzaban a juntar un mechón de canas de no más de tres centímetros y lo ataban con un pequeño moño, para completar el cuadro. Entonces, salían a la calle, con sus frágiles piernas cubiertas por una falda negra con rosas o azul con pescaditos; los pies enfundados en unas calcetotas como de niña de secundaria, y sus babuchas de gala. Ahí iban tomadas del brazo, con sus chapitas del mismo tono colorado con el que se habían delineado los labios, con un suéter guango, cuyas mangas apretaban con un par de ligas, para que no les entrara el frío. Así era su vida. Así pasaron muchos años en los que recordaban con nostalgia un pasado encantador que jamás existió.

Resignadas a estar juntas, a ser inseparables, de pronto pensaron que eso no podía ser para siempre, ya que era casi un hecho que la muerte no podía llegar por ambas exactamente al mismo tiempo, y entonces sus piernas flacas flacas temblaron provocando que las medias con hoyos de una de ellas se le bajaran hasta los tobillos.

Ahora era eso lo que ocupaba sus mentes: la inevitable muerte. ¿A quién le llegaría primero? ¿Qué iba a hacer la otra? ¿Durarían mucho tiempo separadas, o la sobreviviente acompañaría a la difunta en poco tiempo? Temblaban sólo de imaginar que alguna podía quedarse sola... más sola.

Entonces decidieron hablarlo, enfrentarlo, para saber qué hacer cuando el final de alguna llegara, para que la otra obrara correctamente.

Ambas tenían un seguro, que por lo menos cubriría la renta de un ataúd y una fosa en el cementerio. Porque, pasara lo que pasara, ambas tenían que ser enterradas, les tenían que dar cristiana sepultura porque de otro modo sus católicas almas estarían condenadas al purgatorio. ¿Cremación? Impensable. Eso no era de Dios. Entonces acordaron que la primera que se fuera sería tratada como debe de ser por la que quedara, y que no importaba funeral ni flores, ni siquiera que la misa fuera ostentosa o en un templo grande -de todos modos solo iría la que quedara, el sacerdote, el acólito y si acaso el señor que toca la guitarra- ya que a lo más duraría una hora. Pero la sepultura sería para siempre, y esa debía de ser en el Campo Santo. Y ese era el punto mas importante, por sobre todos los demás: que el lugar de descanso eterno fuera en tierra bendecida; preferible ser comida por los gusanos -pensaban- que quedar como un judas en sábado de gloria.

Y eso se convirtió en su nuevo miedo, en una obsesión aterradora: que por algún error al firmar los papeles o cualquier otra cosa que no imaginaban, las fueran a cremar por equivocación. Diario charlaban y cada que podían, se recordaban mutuamente qué era lo que tenían que hacer en el momento en que le llegara la hora marcada a alguna de las dos. Panteón en el desayuno, cementerio en la comida y tumba en la cena. Se volvió cosa de todos los días, de todas las horas. “Cuidadito y me haces la chingadera de quemar mis huesitos, ¿eh?, o te voy a venir a jalar las patas para que a tí te quemen en el infierno” le decía una a la otra bromeando en serio.

Pasaron un par de años más, en los que el vínculo de ambas se hizo más sólido que un diamante. Aunque no quisieran, no tenían de otra. Y también creció el miedo a ser cremadas, ya que recurrentemente veían en Duro y Directo que los gemelos Brenan cubrían casos de señoras que no tenían familiares que las enterraran, y las mandaban al horno crematorio, o de que cada vez estaba más de moda la cremación -“hasta para ahorrar espacio”, mencionaban algunas funerarias.

Un fatídico día, pasó lo peor que les pudo haber ocurrido. Estaban las dos cenando a la luz de las velas, por una falla en el suministro de energía de su apartamento. Más precisamente, se les había fundido un fusible y no hicieron por cambiarlo, ya que no tenían repuestos y ya era tarde para salir a la calle. Como su vista era ya demasiado vieja y cansada para ver inclusive con luz artificial, habían encendido todas las ceras que encontraron en el pequeño apartamento: las que habían comprado para esas situaciones, las veladoras de reserva, los cachitos de velitas de colores que sobraban de las posadas, las velas con uvas de migajón recuerdo de primeras comuniones... en fin, cualquier cosa que pudiera brindarles un poco más de luz, para evitar tropiezos. Colocaron un viejo quinqué de ferrocarrilero en el medio de la pequeña mesa, y las velas en cualquier otro lugar que creyeran necesario: en la orilla de la vitrina, en el librero de madera conglomerada entre los cisnes de porcelana y las carpetas almidonadas, al pie del sillón, una en el baño y en los únicos dos cuartitos bastó con las veladoras que les tenían prendidas a San judas Tadeo y a la Virgen Dolorosa, a un lado de las rosas de plástico llenas de polvo.

Catalina se ofreció para ir por una olla con frijoles que había dejado en la lumbre. La vieja estufa Acros color crema, percudida y embadurnada de cochambre tenía una leve avería de tiempo atrás, pero resultaba poco peligrosa si el lugar se encontraba bien ventilado. Pero esa noche en la que había entrado el frente frío número veinticuatro, resultaba demasiado gélida para las dos adultas mayores. Por tanto, tenían todas las ventanas cerradas, e inclusive en la ranura de debajo de la puerta habían colocado una jerga roja con más hoyos que tela, para evitar que entrara el chiflón.

Cenaron sus frijoles, y cubiertas con un saco, se quedaron sentadas un largo rato, sin cruzar palabra hasta que, como lo venían haciendo de tiempo atrás, charlaron del día de su muerte.

Pasado un tiempo, una se quedó dormida en el sofá cama que tenían en la sala-comedor (y aquí el tamaño tan reducido hacía que ese termino, sala-comedor como un mismo espacio, describiera a la perfección el sitio) mientras la otra se acostó en la única recámara con cama, ya que la otra era usada para los tiliches arrumbados, que incluían mucha ropa y botellas con sustancias, algunas de ellas flamables.

La que dormía en el cuarto de pronto se levantó de la cama a la mitad de la noche porque tenía que acudir al sanitario. Las velas habían quedado encendidas, justo para ese propósito. Pero la ya deficiente vista, aunada a que varias de las velas ya estaban por fenecer y su iluminación fuera muy escasa, hicieron que antes de abrir la puerta del baño, tropezara con una vela y ésta cayera en la pila de revistas y periódicos que estaba en el pasillo, encendiéndose levemente, un fuego que cualquier persona hubiera controlado. Pero ella ya no tenía la capacidad de hacerlo, y en un intento por apagar la aun incipiente llama, proyectó su pierna lo más fuerte y rápidamente que pudo , logrado únicamente que perdiera el equilibrio y cayera, sintiendo al momento del impacto un fuerte dolor en la cadera que la inmovilizó de inmediato.

La lumbre se propagó rápidamente, y el humo hizo que ambas perdieran el conocimiento, sólo que una estaba dormida y la otra intentaba arrastrarse en el pasillo y gritaba con su voz apenas audible algo que nunca nadie escucharía. Al cabo de unos minutos, el poco gas que se había acumulado sobre todo en la cocina, hizo contacto con una chispa provocando un flamazo que, sin ser una explosión como tal, cimbró los vidrios y chamuscó todo lo que encontró a su paso.

La anciana del sillón abrió repentinamente los ojos y se dio cuenta de que no se encontraba en el mismo lugar en el que se había quedado dormida, sino que ahora estaba en el pavimento tirada, sin cejas ni pestañas, y con un paramédico a su lado intentando reanimarla.

Después de poco menos de dos horas, el cuerpo de bomberos de la ciudad había sofocado las llamas, y un perito del ministerio público, el jefe de bomberos y un policía judicial entraron para evaluar los daños. Justo a la entrada aun se alcanzaba a percibir olor a cera quemada. Todos los muebles se habían reducido a cenizas y el suelo se hallaba encharcado por el agua arrojada por los apagafuegos. Al ir revisando, los tres hombres vieron un bulto completamente ennegrecido en el pasillo, y se percibía un fuerte olor a pelos chamuscados y a carne quemada. El perito dijo rápidamente que en ese lugar el calor se pudo intensificar a temperaturas elevadísimas, ya que el encierro del pasillo hacía que el aire caliente se quedara más o menos en el mismo lugar, además de las revistas, las ceras que empaparon un tapete haciendo que ardiera por mucho tiempo, y el calor que lanzaba el cuarto de cachivaches, también quemado por completo. Con esas condiciones, el calor podía elevarse muchísimo según el perito, casi como si fuera un horno.

El cadáver se hallaba casi quemado hasta los huesos, pero se podía distinguir en la cara lo que pudo ser una mueca no angustiosa ni macabra, pero sí de que buscaba algún lugar invisible con la vista. Sus piernas se hallaban flexionadas y recargadas sobre el piso, mientras que el pecho estaba en dirección al techo, los brazos cruzados y hacia el mismo lado que las piernas con la cabeza echada hacia atrás y con la mandíbula bien distendida. Era imposible identificar si tenía los ojos desorbitados, o las órbitas desojadas. Como sea, parecían estar mirando hacia atrás.

La sobreviviente, al ver salir a los tres individuos, se apresuró tanto como pudo y les preguntó sobre el estado de su compañera. El perito y el bombero pensaron un poco su respuesta, para que no fuera tan impactante, pero en eso, el judicial les arrebató la palabra: “¡No se preocupe seño, cuando menos ya se ahorró la cremada!”.

sábado, 11 de agosto de 2007

Un ave mítica...

...que ataca con lumbre a las llamadas marías es...




...el pájaro quema-marías.

lunes, 25 de junio de 2007

¡En esta esquina Lourdes Grobet! ¡En esta otra, Botellita de Jerez!


El pasado domingo 24 de junio, se llevó a cabo la presentación del libro "Espectacular de Lucha Libre" de la fotógrafa mexicana Lourdes Grobet, en la explanada del Auditorio Nacional. Editado por Trilce, el libro reúne una serie de fotografías del pancracio nacional, capturadas a lo largo de muchos años.

El evento comenzó a las 12:30 pm, media hora después de lo anunciado, y dio inicio con la presentación, por parte de quien me imagino la hizo de maestro de ceremonias, de la autora y de los invitados, entre los que se contaban personalidades tanto del pancracio como de la farándula, como Tinieblas, el Alushe que yo no alcancé a ver, El Último Guerrero, El Fantasma, Edith Gonzalez y tambien su jefa, a la que varios le gritaron "suegra". La que también recibió saludos, fue la mamá del tipo que la hace de "El Pantera" en la serie esa de Televisa, ya que cuando lo presentaron, se llevó una rechifla machina del respetable aludiendo a su jefa, y cuando subieron al ring, inició el clásico grito que rima con lero-lero, por lo que el tal pantera no tuvo otra cosa que hacer mas que sonreír, pero imagínome que no de gusto.

Grobet dedicó algunas palabras de agradecimiento, y dedicatorias a los verdaderos ídolos del pancracio y protagonistas de su libro: los gladiadores de ayer y hoy. En seguida, los de la mesa recorrieron la exposición y por lo que narraba Leobardo Magadán -locutor de las luchas en la tele-, cortaron el listón y toda la onda. Pero los chiflidos del respetable, que no veíamos qué sucedía ni pa cuando iban a empezar los costalazos, apresuraron el paso y anunciaron la primer lucha de la tarde: por el bando técnico, Sombra y Valiente contra Euforia y creo que Arcangel de la Muerte. Al principio, los rudos no dejaban subir a los científicos al rombo de batalla, y cuando lo lograron, comenzaron los empujones y las injurias y yo, preocupado por la situación, les grite "¡no se peleen!", pèro creo que mis palabras fueron pasadas por alto. El combate fue a dos de tres caídas sin límite de tiempo y estuvo bueno pa ser el primero. Ahí me dí color de que los estetas no nomás tienen que darse cates a diestra y siniestra, sino que también deben de saber cómo hacerle pa prender al público, ya sea incitándolo a gritar a favor de los técnicos, o tratándose de los rudos, gritando improperios a las tribunas, pero siempre buscando una reacción por parte del respetable. La lucha tuvo que llegar hasta la tercera caída para definirse, y el bando de los científicos fue el que salió avante.

Posteriormente se dió paso a la segunda tanda luchística de la tarde, en esta ocasión ofrecida por dos duplas femeniles, una mexicana y otra japonesa. Y ora si que rompiendo con el lugar común ese del "sexo débil", qué buenos guamazos y llaves se acomodaron. Aquí también las damitas prendieron al público so pretexto de que era un duelo México contra Japón, iniciativa que tuvo bastante buena acogida por parte del aficionado presente esa tarde en el Auditorio Nacional. Y como era de esperarse, el triunfo fue de nuestras connacionales.

Acto seguido, vino la que pa mí fue la mejor lucha de la función. En un duelo de (casi todos) veteranos se enfrentaron, por parte de los técnicos, Solar, Matemático y Mano Negra contra Black Terry, Gallo Tapado junior -muy joven en comparación de los demás- y el legendario y añejo Negro Navarro, estos últimos rudísimos de cinco estrellas, siete suelas y gran turismo.
Como era de esperarse, este duelo se dió sobre todo a ras de lona, y resultó ser una auténtica catedra de llaveo y contrallaveo, gracias a la gran experiencia que estos gladiadores han desarrollado a lo largo de sus muchos años de carrera. Y también se vió cómo el Gallo Tapado jr. esta verdezón en comparación con los otros cinco; su primer encontrón fue con Mano Negra, gladiaron y Mano Negra tenía una actitud como de ver qué hacia su oponente, esperando que atacara para repelerlo con pura maña, y cuando el técnico lo tenía en su poder, le palicaba diversas llaves, hasta que en un momento como que el enguantado negro hizo un gesto como de ¿le seguimos?, a lo que el Tapado hizo seña de "aguanta" con ambas manos, dando paso a los siguientes luchadores. Al término de la primera caída, cuando de pronto saltaron los seis estetas al centro del ring, el Gallo Tapado iba a recibir a Mano Negra con un patín al mentón, pero el técnico habilmente lo esquivó, y aprovechando la postura de su rival, lo tomó de la pierna y de la espalda, apretando con fuerza el muslo contra el pecho y logrando la rendición casi inmediata del rudo.

La segunda caída se fué como el agua, ya que en el primer enfrentamiento, protagonizado por el Negro Navvaro y Solar, aquél hizo que este, después de una serie de llaves y castigos, se rindiera ante el dolor, y al ser el Solar el capitán del bando técnico, ese conjunto quedaba eliminado del segundo asalto, emparejando los cartones a una caída por bando.

El tercera asalto se llevó a cabo también dentro de un mar de castigos y algunos lances más bien modestos ya que, insisto, estos grandes del ring son expertos en llaves, en lucha a ras de lona, y no en sangronadas como las de la triple A de según darse contra una tabla que es de triplay chafísima y que duele más cuando te machucas un dedo o te acomodas un trancazo en el dedo chiquito del pie cuando andas descalzo. Ora sí lucharon todos, pero cuando se enfrentaron de nueva cuenta Solar y Negro Navarro, el que se llevóel triunfo fue el técnico, despues de aplicar un terrible castigo al cuello y extremidades superiores del Negro, provocando de hecho que un médico subiera al encordado para revisar al veterano luchador. Recuperóse y recibió el aplauso del respetable, y de pronto, la gente que estaba más cerca de la plataforma de batalla comenzó a lanzar monedas, pero un m ontón, y yo me quedé de a seis, hasta que Magadán dijo que esa era una tradición en la lucha: cuando la lucha es muy buena, el público lanza dinero al ring en señal de agradecimiento por el buen espectáculo brindado por los estetas, y la neta, se lo merecían por que estuvo retebuena la lucha. Juntaron la lana en un vaso de chela y se echaron un volado ambos capitantes (Navarro y Solar) para ver quien se quedaba con el billullo, resultando ganador el técnico. Momento muy emotivo de la función dominical.

La última lucha, la estelar, dio inicio despues del arribo de los gladiadores y los clásicos empujones. En esta ocasión se enfretaron el Rayo de Jalisco Jr. (¿junior con la pila de años que se carga?), el águila italiana Marco Corleone, y el hijo pródigo de Xochimilco: Rey Bucanero; en la otra esquina se presentaron Último Guerrero, L.A. Park y Blue Demon Jr. Estuvo bueno el duelo, con las clásicas escenas como jocosas que dan pie a un manotazo en el pecho del rival o un patín certero; pero, a diferencia de la lucha anterior, comenzaron a usar sillas y ese tipo de marrullerías; hubo más vuelos y fue en ese sentido un duelo más dinámico, de hecho creo que le machucaron la rodilla a Bucanero con una silla debajo del ring (aunque no lo alcancé a ver), por que se subió al rombo de batalla literalmetne retorciendose del dolor, cual lombriz a la que le echas sal o fab Roma. La contienda, después de tres caídas fue para los técnicos, y ya casi cuando acababa le dejé de poner mucha atención, porque me fuí a apañar lugar cerca del escenario donde iba a tocar Botellita de Jerez, y ahí...

El Cucurrucucú, el Mastuerzo y el Uyuyuy en pose luchística en la portada
de su primer álbum, Botellita de Jerez (1984).



...llegaron los botellos a guacarroquear, en una tocada que además de haber estado chida guan, fue muy ad hoc al evento, ya que sabido es que la H.H. Botellita fue pionera en introducir el mundo de las luchas en la estética rockera y en la música, de lo cual el más consumado ejemplo es "El Guacarrock del Santo". Además de ese factor, Grobet hizo las fotos del primer L.P. de Botellita, por lo que se ve que son cuates de tiempo y pus qué mejor que los invitaran.
Iniciaron, como es costumbre, con el grito del Armando Vega-Gil, el Cucurrucucú: "¡Hey familia! ¡Guacarrock dedicado a Lourdes Grobet y luchadores que la acompañan!". En acabando esa rola, preguntaban si se oía bien, y yo pensé "no, pus así tocan, no es que esten mal los amplis" y dieron paso a "Bueno, bueno, probando". Después, continuaron guapachosamente con "Carefoca's swing" y muchos de los presentes se quisieron sentar al oír eso de que qué le pasa a Lupita, que le pasa a esa Lupe que se para y te escupe, y otros tantos abrieron la boca. A los botellos se les veía contentos, disfrutando el toquín porque el personal estaba cerca del escenario, no había demasiada gente, lo cual permitía que lo que les gritáramos (nada de peladeces, claro está) lo oyeran e interactuaran con el público charroquer.
Cuando tocaron "¿Te gusta a tí ese son?", Paco Barrios, el Mastuerzo, le preguntó eso a uno de blanco, y un sujeto que estaba detrás de mí se metió un autogolazo al gritar"¡saco!", pero preferí dejarlo en su error.
Mucha gente coreaba "¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!" esperando que tocaran esa rola y no se estuvieron quietos hasta que la tocaron. En el marco del evento, y con máscaras diseñadas (se ve el estilo) por Sergio Arau "el Uyuyuy" interpretaron la rola dedicada al héroe de Tulancingo. Todo el personal la neta se rifó porque se sabía (inclúyome) las rolas de la banda, aunque no faltaba el que pedía "Niña de mis ojos" o "Luna Misteriosa", rolas que corresponden a otra época de la botella y que no cuadran en lo que hacen orita.
De las que siempre se disfrutan, fue "El Tlalocmán" por la danza ritual que hacen, que me cai que parece que estudiaron en el ballet voy-choy de Rusia o sepa dónde. La que iba a ser la última rola, tambien muy bien coreada por el respetable, fue "Alármala de Tos", que como sucede en varias partes, hay gente que cree que es de Café Tacuba, pero nones. Ya se iban, pero retacharon a cantar "San Jorge y el Dragón", cosa que me pareció estupenda, ya que quería ver su coreografía ya un tanto anquilosada. Terminaron, agradecieron diciendo que estuvo chido y se despidieron, mencionando que ya no falta mucho para estrenar "Plan B", el documental de la banda. ¡Naco es chido!.
Para terminar, una cosa que nunca me había pasado: saliendo del Audi, había una bola de gente al rededor d eun puesto de jotdogs... ¡viendo el fucho! la final de México contra gringolandia. Faltaban 15 minutos más o menos y pus ay que me quedo aplastado esperando a que la Selec reaccionaria pero nones. Y todos los que estábamos gritandole a los jugadores cómo moverla, pero no hicieron caso... y perdieron. Una final vista en un puesto de jochos. Eso merece contárselo a los nietos ¿no?

sábado, 16 de junio de 2007

Enciclopedia de Máscaras

Mina Editores sacó hace como un par de semanas a la venta el tomo I de "Enciclopedia de Máscaras", una colección que se ve que va a estar bien chipocluda, ya que al parecer va a incluir alrededor de 1500 máscaras diferentes de muchos gladiadores, muchos leyendas y muchos desconocidos (al menos para mí).

Acomodada en orden alfabético, ésta primer entrega va de la A hasta inicios de la D (por que por ejemplo, no llega a Doctor Wagner, el galeno del mal) e incluye a leyendas de la talla de Blue Demon, de quien se incluyen 2 máscaras diferentes y una más de Blue Demon Jr. También se encuentra la capucha de la saeta azul, Aníbal; el duende maya Canek, el ex-integrante de la ola blana Ángel Blanco, y el ídolo de los niños (de perdis lo fue en mis tiempos de chilpayate) Atlantis. Tambor viene la del maestro lagunero Blue Panther.

El formato de la revista es bueno, se ve que los de la editorial le han hechado ganitas pa que les quede bien, ya que tanto la calidad del papel como de imágenes es de altura, o parafraseando a los guerreros de la atlántida, de otro nivel. Por cada máscara aparecen tres fotos: una de frente, otra de perfil y otra como que mitad y mitad. cuando se trata de un gladiador de respeto, tambien viene una foto a página completa del luchador del que se trata, como son los casos de las leyendas arriba mencionadas. Por otro lado, el sujeto que posó pa las fotos hizo bien en ponerse una malla -o pantimedia, vaya usté a saber- negra pa que no se le viera el rostro, lo cual hace que las tapas luzcan por completo sin estar en un rostro que no es el de su dueño original, ni en un vil maniquí de unicel, lo cual haría que perdiera chiste. En ese aspecto la enciclopedia tiene una palomita.

Además de las fotos, a cada máscara le corresponde una ficha, en la cual vienen datos como el periodo de uso, el status (si no ha perdido la máscara y si ya, quién se la quitó), material, diseño, observaciones y, en algunos casos, antecedentes. Aquí es donde falla un poco, ya que en algunos casos se hacen observaciones de las máscaras, y en otros del luchador; en algunos los antecedentes son del luchador y eso logra que las fichas no sean homogéneas en su contenido.

No tiene errores gachos de redacción como muchas otras publicaciones del pancracio, aunque por ejemplo, lo que a mí me parece que pudo haber sido el editorial (que me eneseñaron en la secun que va al principio de la revista) lo pusieron ya no digan en otro punto dentro de la revista sino ¡en la contraportada! Qué cosas ¿no?

Y bueno, la mera neta es una publicación que vale la pena adquirir por tan solo veinticinco varitos si a usté le interesa ahondar en la diverdsidad de las capuchas de los protagonistas del mundo de las llaves y las contrallaves.

viernes, 15 de junio de 2007

El Trono

Solíamos comprar la leche en el establo, bronca, recién ordeñada, en los tiempos en que la avenida prolongación División del Norte (la entrada a Xochimilco) estaba aún cubierta de milpas de maíz.

El establo estaba junto a la Prepa 1 y era de los papás de un compañero del jardín de niños, al que le decíamos Pepe. En el establo sólo había guardadas unas dos vacas, y las demás estaban en un terreno baldío justo enfrente, en donde actualmente se yergue un Burguer King. Allí, las vacas sólo estaban atadas del cuello, por lo que podían caminar con cierta libertad por todo el lugar. Obviamente, al moverse libremente, también tenían la completa libertad de orinar o defecar en donde quisieran, o donde les agarraran las ganas. Ese hecho daba como resultado que hubiera heces --pastito molido, nos decían a los niños--, y orines dispersos por todo el suelo del lugar. Las montañas de caca alcanzaban entre 35 y 40 cms. sobre el nivel del piso, y parecían islas rodeadas por pequeños mares de orines. Por tanto, uno tenía que pisar con cuidado, si no quería mancharse el calzado o la ropa de excreciones vacunas.

Un día, Pepe nos invitó a ver el proceso de ordeñado. Lo malo es que una vaca había tenido un becerrito recientemente, el cual no tenía atadura alguna y, ese sí, vagaba por toda el área sin ninguna restricción. Yo me acerqué a él para verlo, porque quería ver si ya le estaban saliendo los cuernos, pero el animal, pequeño y temeroso, se asustó e hizo un movimiento repentino que provocó que yo, pequeño y temeroso, retrocediera sin darme cuenta de lo que había a mis espaldas: una de esas islas de popó de vaca a la cual, por causa de un resbalón con los orines del suelo, caí sentado cual rey en su trono, así con descansabrazos y todo. Estuve un instante así, en tan jocosa situación hasta que llegó alguno de mis padres y me jaló de un brazo para levantarme del estiércol y regañarme por que traía una de mis chamarras más decentes y cómo con ella se me ocurrió sentarme en el pastito molido.

Nunca he tenido de nuevo una situación similar y espero que jamás se repita. Eso sí, para la próxima ya sé que no hay que acercarse tanto a un becerro al que le da miedo todo. Pero la culpa esa vez, claro, la tuvo el becerro por coyón.

jueves, 24 de mayo de 2007

Reporte de Muguruza en el bosque tlalpeño

Pus resulta y sucede que nos lanzamos el sabadabado pasado ( o sease 19 de mayo) al Bosque de Tlalpan para el penúltimo día del Ollin Kan un servidor y unos cuadernos, pa ver a los conjuntos que iban a tocar en general, y en particular al Fermín Muguruza (que no mugroso, como alguien en mi familia entendió).
Llegué al lugar previo ton que me dio mi carnal, justo antes de que empezara lo que es la precipitación pluvial, pero ya adentro unos cuates y yo alcanzamos a refugiarnos debajo de las lonas que tuvo a bien poner quien organizaba el evento. Eran de esas lonas no como de tibiri-tabara de XV años cuando cierran las calles, si no de esas blancas con postes que usan en las bodas mamilas. Obviamente no fuimos los unicos que buscamos refugio, sino que toda la banda que estaba pajareando a la intemperie metióse y quedamos todos bien apretaditos. En ese momento tocaba una banda de la cual no recuerdo el nombre, pero lo que se me hizo chistosón es que, cuando la banda terminó, la gente se salió de debajo del toldo, como si al terminar el grupo sus acordes, el chipi-chipi también lo hubiera hecho. En fin.
Poco a poco llegaron más cuates, y pus como vendían cerveza en el lugar, y faltaban todavía algunas bandas por tocar, enfilámonos rumbo al puesto de frías ora si que pa refrescarnos, pero la cola estaba muy grande -o bueno, la fila, pa que no vaigan a pensar mal- y la mecánica era pior que ir a arreglar algo a la tesorería. Total que antes de acabarnos la primera, pensamos prudente irnos formando por la segunda pa que no nos dilatara demasiado. Tambor las filas pa los baños azules era larga, lo que provocó que los formados contaran regresivamente hasta diez, y si el de adentro no salía pa afuera en ese lapso, le daban un empujonsote a letrina-móvil provocando un sunami de aguas riñonescas, lo cual no era muy grato pal sujeto de adentro. Eso sí, el procedimiento resultaba muy efectivo pa apurar a los que andaban regando plantitas... de plástico.
En el entarimado continuaron Los Discípulos de Otilia y luego La Kinky Beat, que ambos combos tocan paique, pero la neta, al no conocer demasiado su obra, uno sólo escuchaba la música y platicaba... y de repente empujaba a la gente en auqella cosa llamada eslam, que estuvo muy leve.
En después de la tercera helodia, anunciaron al Muguruza, que era lo que muchos esperábamos. Algunos llevaban sus banderas de Euskadi (que para quien no la conozca, digamos que es tipo la del Reino Unido pero con el fondo rojo, la "equis" verde y la "cruz" blanca), otros playeras de Kortatu y de Negu Gorriak.
Hago un breve paréntesis a modo de disculpa pa quien resulte interesado, pero no me sé los nombres de muchas de las canciones del Fermín solista ni de muchas de Negu, por aquello de que estan en vasco y no le entiendo, entonces intentaré hacer referencia a ellas de otro modo.
Inició el recital con la que dice Mapuche algo y que tiene el fondo de "Merry Blues" de Manu Chao. Primero había salido toda la banda, que incluye un excelente acordeonista y dos coristas de estupenda voz, a las cuales no alcancé a pedirles su teléfono por que el volumen estaba muy alto y no me escucharon. Después salió Fermín un tanto emocionado y enérgico.
Tocó las rolas número 1, 2 y 3 del "Brigadistak Sound System" (aunque no recuerdo el orden, y no las tocó juntas). La tres es de las que más me laten y pensé que qué bueno que la haya interpretado. Luego tocó la de "In Komunikazioa" del album homónimo. Mucha gente bailaba, aunque sin corear las rolas por el problema planteado en el paréntesis, pero a mi ver todos disfrutaban por la buena calidad de la música del vasco. También alcancé a entender que cantaron "Euskal Herria Jamaika Clash" y luego una de las coristas cantó una de Bob Marley, de la cual tampoco sé el nombre.
Ya casi al final se chutó "La Línea del Frente" de Kortatu, pero en versión como dub y eso -que tocara rolas de Kortatu o de Negu- lo esperaba mucha gente. La neta yo creía que una o dos piezas de sus bandas previas iba a tocar, y no sé por que luego hay gente que piensa que va a tocar la mayoría de rolas viejas. Algo similar pasó en esa cosa del Festival Alternativo en el Foro Sol, cuando tocaron Kinky, Placebo y Café Tacuba junto a Cerati, y muchos pedían a este último rolas de Soda, como esperando hasta que dijera "gracias totales" o algo así, y yo digo que pus una cosa es una cosa y ostra cosa es ostra cosa. No a hueso tienen que tocar sus viejos éxitos, pero bueno, que la gente espere eso es su bronca.
Ya pal final, después de un gran solo de acordeón, se echaron "Gora Herria" de Negu Gorriak y finalizó con "Sarri, Sarri" de Kortatu (todo eso en contra del choro que eché líneas arriba). De "Sarri, Sarri" dijo que era una rola prohibida pero que le valía queso y que la iba a tocar y la tocó. También está cantada en euskera y por eso no sé que diga pa saber por que está prohibida, pero en una recopilación que tengo de Kortatu dice que trata de que un señor llamado Joseba Sarrionandia se peló junto con otro del bote, y ambos se ocultaron en el equipo de una banda que tocaba para los priosioneros (me imagino que algo así como El Tri en Santa Marta). Eso explica muchas cosas.
Y así terminó ese día, en una tocada-reventón en el bosque de Tlalpan, con la presentación de Fermín que había tardado un resto en regresar a tierras mexicalpánicas.