miércoles, 22 de febrero de 2012

La cara de la muerte.

La cara de la muerte.


No se sabe cuando llega,

ni tampoco en dónde se encuentra.

Aunque todo el tiempo está allí, a los pies

[del lecho.

Parece que nunca la hemos visto,

que no la hemos habitado.

¿Cuándo ha de mostrar su rostro?

En el momento más esperado

[y en el menos, también.


De mil maneras se ha imaginado:

Alegre, agresiva, oscura, sombría

De papel picado, de cartonería.

¡Está por todos lados!


Pero al parecer, nunca sabremos cómo es.

Conocemos las caras de los muertos,

sus faces sin vida, cuyo rostro quedó frío y tieso,

cuando vieron la cara de la muerte.



La cara de la agonía.


¿Es el muerto el que agonizó?

¿Fue el vivo quien vio su hora llegar?

O en realidad su gente fue la que vivió la peor agonía

Quienes vieron cómo gota a gota – o de trancazo

[dio el paso infinito.


La cara del doliente.


Rostros oportunistas, hipócritas,

sollozando más duro que reses en el matadero

¿Agonizaron con el finado? ¿Sufrieron realmente el padecer?

¿O sólo frente a los congregados quieren aparentar su amor

[o dizque dolor?


domingo, 9 de octubre de 2011

¡No'mbre!

A mí tía Leonor, fuente inagotable de anécdotas.

Llegaron a bautizar al niño, seguros del nombre que habían escogido.
-¿Cómo lo van a llamar? -Preguntó el sacerdote.
-Ugenio -respondieron los padres, con toda certeza.
-¡¿Ugenio?! ¡Así no lo puedo bautizar, ¡No "Ugenio", es con "e"!
-Lo que usté diga padrecito.

Ya un poco más grandecito, se escuchaba en el patio de la casa:

¡Esconé! ¡Esconecito, vente a comer!


Basado en una anécdota de tantas que se cuentan entre nuestros compatriotas mexicanos que viven y trabajan en Estados Unidos.

lunes, 25 de abril de 2011

sábado, 9 de abril de 2011

Dos canciones

En general no soy una persona que tenga una cosa favorita en algún campo semántico; por ejemplo no tengo un sólo grupo o género musical favorito tajante, que sea este el que aplasta a todos los demás, o un libro o no sé, colores o cosas semejantes. Sólo al equipo que le voy, y un par de ejemplos más que si puedo decir "¡estas dos sí que son!".


Se trata de un par de canciones, piezas o como le quieran llamar, pero esas dos son así mis más favoritas de todas las que hay, y eso que me gustan harto muchotas. Ambas, recuerdo, las escuché hace mucho tiempo, por separado, pero siempre se me quedaron re bien marcadas, el contexto en que las oí y demás cosas, además de que puedo decir que afortunadamente las he escuchado en vivo, el primer caso con sus verdaderos intérpretes, y el segundo de la manera en que se debe de escuchar, porque no se quien sea el autor, pero es una canción vieja y me imagino que de dominio público.



La primera de ellas es llamada "Hallowed be thy name" (Santificado sea tu Nombre) y es interpretada por Iron Maiden. Fue escrita por su fundador, el bajista Steve Harris y viene en su clasiquísimo album The Number of the Beast, de 1982.


Con esta calculo haber estado en la secundaria, y un día me subí al coche de un primo, que recuerdo era un Derby, y abrí la guantera. Tenía varios casettes, y entre ellos el del mencionado álbum. Lo puse para escucharlo, ya que pa ese entonces ya me había iniciado (aunque era mas neófito que ahora) en las satánicas artes de escuchar Heavy Metal.


No recuerdo bien si escuché varias canciones antes, pero lo que sí recuerdo es que en cuanto esta sonó, ora sí que me cautivó. Era así bien chingona, la rola perfecta, como debe de sonar el Metal. Desde la introducción lenta con campanazos y toda la onda, el modo en que va creciendo y las guitarras maidenianas, el ritmo perfecto... recuerdo que jamás se me olvidó ni se me ha olvidado. De esas veces que luego luego te clavas y dices "¡Es la onda, chingao!".


Muchas veces más me subí al coche estacionado para escuchar esa canción, y no me había aprendido el nombre, hasta que compré, años después, el Best of the Beast. Sabía que tenía que venir esa pieza, y dicho y hecho, es la que cierra, de manera magistral, ese compilado. Afodtunadamente fui a ver a la Doncella ahora que vino en marzo, y obviamente la tocaron. Una cosa más por la que me puedo ya morir tranquilo.







La otra la recuerdo todavía de más atrás en el tiempo. Se llama "Arriba Pichátaro" y recuerdo haberla oído algún día 4 de julio en el atrio de la iglesia de Acámbaro, Guanajuato, en tarde nublada y con las queridas mojigangas baile y baile. Es un son michoacano y, como dije, me imagino que es del Dominio Público, y es una obligada de cualquier banda de viento.


De esa me acuerdo que me transmitía -me transmite- como mucha alegría, mucho movimiento, mucha fiesta, y aderezada con las mojigangas, pues más. ¡Tan taraaan ta ta tá tata ta ta ta ta! Antes de los clasiquísimos redobles de la tarola. Casi casi que me saca las lágrimas de la emoción. Como también mencioné, no es de un solo intérprete, y afortunadamente la he escuchado en hartas fiestas en las que he estado, desde Año Nuevo Purépecha (¡y ahí con toritos de luces, no cabía de alegría en mí!) hasta la fiesta de Pejo, cumpleaños de mi abuelita (con banda y toda la onda), bodas y en muchos otros lugares. Definitvamente también es favorita.


También conozco, aunque de pasadita, Pichátaro. Es un pueblito, obviamente en Michoacán, muy pequeño, más o menos por Santa Clara del Cobre, si no mal recuerdo. La gente se dedica a la madera, y hasta el kiosko tiene esas hermosas columnas típicas de la región boscosa del purembe.




Acá dejo dos videos de la misma pieza. Uno en una versión con cuerdas, que cuando empiezan todos a bailar, se me pone chinita la piel de la emoción. Hasta hace poco conocí esa versión, pero tambien es muy bonita. El segundo es con banda de viento, y es peculiar esa grabación, pero vale la pena, y también -cómo no- hace sonreir. Es (¡¿Qué mejor?!) en el mismo atrio en el que la escuché por primera vez.


Y sí, tengo dos canciones favoritas que me emocionan sobremanera.












jueves, 16 de diciembre de 2010

¡Secuestro!

Al Dani, que imagino
me salvó de mis captores


En todos laos uno ve que hay harta inseguridad, que el crimen organizado, que el desorganizado, los amantes de lo ajeno, y que la chingada y no se qué, y efectivamente es un problema retegrave. Uno de pronto piensa que los secuestros sólo les pasan a los famosos o a los no tanto pero con harto billullo, pero no. Ta grueso.

Resulta que el viernes pasado andaba yo echando Bacardís y así pasó la noche y la madrugada, hasta que llegué a eso de las 5 30 a mi casa. Después, cuando desperté, mi familia me comentó que a las dos de la mañana recibieron una llamada en la que yo gritaba, con una voz que no era la mía "¡papá papá ayúudame! ¡me tienen amarrado en una camioneta!". En eso, arrebataron el auricular y dijeron "¡Si lo quieren de vuelta, nos tienen que dar 100 mil pesos!". Intentaron marcarme al celular, pero sonaba apagado.

Lo peor del asunto es que yo ni me acuerdo en qué pinche momento me secuestraron los cabrones, ni en qué camioneta ni nada, y como andaba malito de la panza, yo creo que por eso me soltaron. Y encima, me imagino que tuve una amnesia temporal.

Y pues nunca me habían secuestrado, es la primera vez, y concluyo, 1) que valgo re poquito y 2) que ahora son tan buenos los secuestradores que ni te das cuenta que te plagian.

viernes, 1 de octubre de 2010

El Caminante




Brazada tras brazada, sentía que no llegaba a la orilla. El esfuerzo lo había dejado agotado, y cada revolcada lo hacía sentir que el agua salada le limpiaba hasta lo más profundo de la nariz. Poco a poco se dejó llevar hasta que sintió con sus manos el granulado, y sus rodillas eran abrasadas.
Tosió cuanto pudo, y en donde se sintió seguro, se dejó caer para recuperar el aliento. Su estampa era la de un vencido, de rodillas, recargado con las manos en el suelo y la cabeza gacha y jadeante. Parecía derrotado, aunque en realidad había salido avante de la contienda.

Cuando se pudo incorporar, se percató de que un sujeto, que le hizo recordar algo de sí, caminaba enérgicamente de un lado al otro. Avanzaba unos metros, paralelo al rompimiento de la espuma, y regresaba sobre la misma línea, cada vez con más enjundia. Quería terminar algo, pero parecía que nunca lo lograría. Entonces le preguntó qué era lo que hacía.

-¡Una trinchera!
-¿Así?
-¡Claro!

Caminaba sobre sus huellas, pisando lo más fuerte que podía para que su planta se hundiera más. Creía que si caminaba sobre la misma zona, iba a lograr hacer una profunda cavidad. Pero se veía frustrado cada vez que el agua arrasaba con su trabajo y con sus huellas, y tenía que volver a empezar.

Caminó dejando atrás al personaje de la trinchera. El sol lo había secado ya, y la sal había quedado sobre su cuerpo, provocándole una leve comezón. Buscó agua limpia para lavarse. Siguió su andar, viéndose de pronto caminando sobre el adoquín, en el camino de siempre. Ahora sentía sus rodillas desgastadas, y hubiera querido dejar lo que cargaba sobre su espalda, pero lo que guardaba ahí le era indispensable, no lo podía botar.

Veía el piso mientras avanzaba. Lucía igual que siempre, excepto porque vio una pluma negra tirada. Dio un paso y vió otra y se extraó cada vez más, porque a cada paso que daba, había más y más plumas negras de un ave de la cual no se veía ningún rastro, y conforme avanzaba pensaba en que esa última que había visto iba a ser la última que viera y daba unos pasos más y veía dos o tres y entonces creía que ahora sí no iba a ver otra y una aisalda se volvía a aparecer y ya había caminado mucho y seguía viendo plumas y más plumas negras e incluso hizo un quiebre y sintió alivio porque ya no era la línea sobre la que las había visto y entonces aunque aisladas, siguió encontrando plumas negras de ave.

Un sueño. Se dio cuenta de que no era un sueño, pero quizá eso lo tendría más agusto. En ese momento se percató que frente a él, había alguien en posición sedente, y se veían claramente su columna vertebral y sus costillas. Todo se apagó en ese momento.


lunes, 28 de junio de 2010

Red Social


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